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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1984

¡Lourdes Yáñez está embarazada!

¡El padre es desconocido!

Esas dos frases cayeron como dos bombas sobre la cabeza de Lourdes, dejándola con la mente completamente en blanco.

El que filtró la información no solo consiguió fotos de su vientre abultado, sino que se tomó la molestia de conseguir su último reporte médico.

El documento indicaba que tenía 20 semanas de embarazo.

Lourdes deslizó la pantalla con dedos temblorosos y leyó un sinfín de comentarios asquerosos.

[¿Con cuántos amantes ha estado Lourdes todos estos años? ¿De verdad sabe de quién es el hijo?]

[Si mal no recuerdo, el último fue Darío Alzamora. Sí, ese chico mantenido que tiene buena cara y buen cuerpo.]

[Hay rumores de que Lourdes también está involucrada con los altos mandos de Bravaria.]

[Un momento, ese alto mando del que hablas no será el Mandatario, ¿verdad? ¡Dicen que por culpa de Lourdes despidió al ministro de tierras!]

[Vaya, parece que no soy el único que ha escuchado ese rumor. Hace años que la gente sospecha que Lourdes y el Mandatario tienen algo.]

[Al de arriba, ¡qué valiente eres! ¿Acaso no quieres seguir viviendo?]

[Alguien cercano afirma que Lourdes está hoy en el centro de convenciones. Y el Mandatario también asistirá.]

[Darío Alzamora todavía no ha salido a decir que el bebé no es suyo, ¿será posible que no lo sea?]

[Si no es de él, entonces será de...]

[¡Dios mío, qué clase de drama es este!]

«...»

La sección de comentarios se volvía cada vez más absurda y el lenguaje era tan repugnante que daba asco leerlo.

Cualquiera...

Bastardo...

Niño sin padre...

Con una madre así, mejor que el bebé no naciera.

Al escuchar y leer todas estas difamaciones, las piernas de Lourdes se sintieron como si estuvieran llenas de plomo, incapaces de moverse un centímetro.

Podían insultarla a ella, pero no a su bebé.

—Mi hijo no es ningún bastardo. —Lourdes levantó la mirada, con los ojos inyectados en sangre, enfrentando a la multitud con voz fría e imponente—: Tiene un padre.

—¿Y quién es?

Todos aguzaron los oídos, esperando una respuesta escandalosa.

¡Ojalá fuera del Mandatario!

Pero el asunto de su amante mantenido era un escándalo conocido en toda Bravaria, ¿era posible que el Mandatario no lo supiera?

Aun así, ¿el Mandatario seguiría dispuesto a estar con ella?

Todo había sucedido de forma repentina en cuestión de minutos.

El celular estaba en altavoz, así que Zenón escuchó toda la conversación.

Eso no tenía nada de absurdo; de hecho, era aterrador.

—¿Dónde está Lourdi? —Darío apretó los puños y preguntó con frialdad.

—La señorita Yáñez fue a la conferencia —respondió el gerente con honestidad—. En el centro de convenciones de Bravaria.

¿El centro de convenciones?

Las manos de Zenón apretaron el volante con fuerza. ¿Acaso no era esa la misma conferencia a la que asistiría el Mandatario?

Recordaba claramente que el nombre de Lourdes no estaba en la lista de invitados.

¡Alguien estaba jugando sucio desde las sombras!

—Entendido. —La mirada de Darío se volvió glacial, colgó la llamada y contactó a su personal de inmediato.

—¡Mándenme el video de la sala en vivo!

—Mandatario... —El personal se asustó y acató la orden sin demora.

Darío abrió su laptop y reprodujo el video.

Efectivamente, allí estaba la figura de Lourdes.

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