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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1983

Sintió un pequeño movimiento en su vientre.

Lourdes se enojó aún más, señaló su estómago y regañó a la pequeña criatura.

—¿Qué quieres? Ni siquiera he empezado a regañarte, ¡no te pases!

El bebé pareció quedarse quieto.

«No es eso, mamá, es que el golpe de la computadora me asustó.»

***

Predio del Sector 5.

Darío Alzamora tardó tres días en completar todos los preparativos para la construcción del orfanato.

Se haría una réplica exacta del orfanato original, con una ampliación, y se usarían materiales e instalaciones de primera calidad.

—Mandatario, lleva tres días sin pegar un ojo, ¿por qué no descansa un rato antes de ir a la conferencia? —Zenón Tejeda sostenía el reporte de trabajo, mirando a Darío con evidente preocupación.

—Estoy bien. —Darío acababa de quitarse todo su disfraz y se había puesto un traje a la medida. Se recostó en el sofá y se frotó el entrecejo para aliviar el cansancio—. Una vez termine la conferencia de hoy, no me agendes más compromisos por las próximas dos semanas.

—Mandatario, ¿está completamente seguro de querer confesarle todo a la señorita Yáñez?

Zenón no podía evitar preocuparse por él.

El Mandatario había engañado a Lourdes durante casi cuatro años.

Una vez que se lo confesara, no sabía si ella sería capaz de perdonarlo.

—Si quiere enojarse, que se enoje. Soportaré cualquier cosa que quiera hacerme. —Darío esbozó una sonrisa resignada—. ¿Qué le voy a hacer si la amo? No me queda otra opción. Vámonos, al centro de convenciones.

—Sí, señor.

Zenón no dijo más y, abrazando los documentos, siguió rápidamente a Darío.

***

En el centro de convenciones.

Era la primera vez que Lourdes asistía a un evento así, por lo que se maquilló ligeramente y se vistió con mucha elegancia.

Su asiento estaba en el centro, bastante visible.

Las personas a su alrededor, al verla, mostraron sorpresa y empezaron a susurrar entre ellos.

—¿Lourdes Yáñez? ¿Cómo es que la invitaron a esta conferencia?

—Dicen que hace unos días le ganó a muchos empresarios importantes y consiguió el Predio del Sector 5 solo para construir un orfanato.

Explicar no servía de nada, y la verdad, le daba pereza hacerlo.

Hizo como si no hubiera escuchado nada.

Solo que...

Tal vez fuera por la multitud a su alrededor, o por la inquietud que sentía últimamente, pero el pequeño en su vientre no dejaba de moverse desde que había despertado.

—Pórtate bien —susurró Lourdes, acariciándose el vientre—. Mamá te comprará helado cuando lleguemos a casa, ¿sí?

Por fin el bebé se calmó.

Lourdes miró la hora; faltaban diez minutos para que empezara la conferencia, así que decidió ir al baño.

Al regresar.

Todo el mundo en la sala la miraba fijamente, con miradas punzantes.

Lourdes redujo la velocidad de sus pasos y frunció el ceño, sin entender qué pasaba.

Hasta que su celular vibró. Era un mensaje del gerente.

Le había reenviado una noticia de último momento: «¡Lourdes Yáñez está embarazada! ¡El padre es desconocido!».

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