—Y que lo digas, también me da mucha curiosidad conocer a esta señorita Casiana.
Sombra se acercó a Leonardo y bajó la voz:
—Aldana dijo que parece un hada salida de una telenovela de época, que cada uno de sus movimientos rebosa la elegancia de una dama de alta sociedad.
—Ah, a Leonardo Valencia le encantan las mujeres con ese tipo de encanto.
—¿A quién le encanta qué?
Leonardo frunció el ceño y le pellizcó la mejilla.
—¡Sombra, explícate bien!
—Tsk.
Sombra se apartó y lo fulminó con la mirada.
—Te moriste de celos, mi querido actor.
—Así es.
Leonardo lo admitió sin dudar, apretó la cintura de la chica y dijo con un tono muy serio:
—No solo me pongo celoso de Aldana, sino que ahora también tengo que sentir celos de mi nueva cuñada. Señora Valencia, le recuerdo que su esposo no es un santo de paciencia infinita.
Sombra se quedó sin palabras. Echó un vistazo rápido a los que estaban alrededor, se puso de puntillas para darle un beso rápido en la comisura de los labios y sonrió con los ojos entrecerrados:
—Tú eres mi favorito.
—Mmm.
Leonardo se dio por satisfecho. Envolvió la mano de la chica con la suya y miró a Julieta Mendes, que estaba a su lado:
—¿Cómo salieron tus últimos chequeos? ¿El bebé está bien?
—Todo muy bien, hermano.
Julieta se acarició el vientre de cinco meses, redondo y prominente.
—¿Y tú y mi cuñada para cuándo se animan a tener uno?
—Falta mucho.
Leonardo miró a Sombra y dijo en voz baja:
—Acabamos de casarnos. Tener un mocoso ahora podría afectar nuestra relación. Cuando nazca el tuyo, nos lo prestas para jugar un rato.
—¿?
La cara de Julieta cambió de inmediato. Retrocedió por instinto e hizo un puchero:
—¿Por qué todos quieren pedirme prestado a mi bebé para jugar?
—¿Quién más te lo pidió? —preguntó Sombra, acercándose.
—¡Aldana! —Julieta no sabía si reír o llorar—. Ella me lo advirtió hace tiempo. Dijo que se lo prestara por unos días.
Su hijo ni siquiera había nacido y ya lo trataban como un juguete.
—Ah, ya veo —Sombra se emocionó y levantó la mano—: ¡Entonces que Aldana lo pida prestado primero y luego me toca a mí!

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