—Félix es muy decente, no tiene ninguna amante.
Aldana sacó de su mochila el regalo que había preparado y se lo entregó a Casiana. —Casiana, este collar lo diseñé yo misma, tómalo como un detalle por conocernos.
—Qué hermoso.
Casiana lo abrió y descubrió un collar de zafiro con forma de gota de agua; el diseño era sumamente refinado.
Mostró una dulce sonrisa y dijo con ternura: —Gracias, Aldi. Me gusta mucho.
Solo que...
Aunque no tuviera una amante, sí tenía un amor platónico.
—Casiana, ¿te vas a divorciar de Félix? —Aldana levantó la mirada hacia los hombres a lo lejos, luego clavó sus ojos de estrella en ella y preguntó con seriedad.
—¿Eh?
La chica era bastante directa, y Casiana casi no supo cómo reaccionar.
¿Félix ya le había avisado a su familia con antelación?
—Es un asunto un poco complejo.
Casiana quería explicarle a la joven, pero no sabía por dónde empezar.
—¿Te trata mal?
Aldana lo pensó y habló en voz suave.
—No —los ojos de Casiana se abrieron de par en par y lo refutó de inmediato con suma seriedad—: El Dr. Hidalgo es una excelente persona, el divorcio es por mi culpa.
—¿Tienes a alguien más? —parpadeó Aldana, sus pestañas revoloteando ligeramente.
—No.
Casiana, del susto, casi se atraganta, agitó las manos a toda prisa y contuvo una sonrisa: —A la fuerza ni los zapatos entran; en el amor no se puede forzar nada.
—¿A la fuerza ni los zapatos entran?
Al escuchar eso, Aldana frunció el ceño y movió sus labios rojos: —A mí solo me importa si los zapatos son míos o no. Que aprieten un poco me da igual, mientras me los pueda poner.
—Pero... —Aldana miró a Casiana, notó la desilusión en su rostro y parpadeó—: Casiana, ¿a ti te gusta Félix?
"..."

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