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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1461

"¿Qué pasa?"

Rogelio Lucero estaba tomando una siesta. Al ser despertado por el alboroto, no se enojó, sino que consoló con ternura a la chica a su lado que parecía un gato erizado.

"Es por Félix", dijo Aldana Carrillo, enfadándose más mientras más lo pensaba, e hizo un puchero quejándose: "Esta mañana en el hospital me encontré con Casiana, y ni siquiera me dejó verla".

Eso hizo que, desde que regresó hasta ahora, estuviera ansiosa y desesperada. "¿No me estará mintiendo Félix?".

Decía que era su esposa, pero ¿y si en realidad era una amante?

"Entonces, ¿qué quieres hacer?", le preguntó Rogelio sentándose y mirándola con ojos llenos de indulgencia.

"¡Averiguarlo!".

Aldana tiró de la cobija para levantarse, y mientras se vestía le dijo a Rogelio: "Tú también vienes. Serás mi encubridor".

¿Encubridor?

¿Por qué actuaba como si fuera una reunión secreta del bajo mundo?

"¿No crees que eso sea inapropiado?", preguntó él en voz baja, con una sonrisa asomándose en sus labios.

"..."

Aldana no respondió, solo se dio la vuelta para mirarlo fríamente.

"Voy".

Rogelio, completamente dominado por ella, se levantó de inmediato para cambiarse.

Ambos se prepararon y condujeron hacia la residencia de Félix Hidalgo.

En ese momento.

Félix y Casiana acababan de comer y estaban tomando el aire abajo en su complejo residencial.

Como Casiana tenía la pierna lastimada, tomar un poco de sol le ayudaría a recuperar fuerzas.

Y, además...

Estar los dos solos en casa mirándose a las caras, resultaba bastante incómodo.

No muy lejos.

Dos siluetas aparecieron a escondidas bajo un árbol frondoso.

—No puedo verle la cara —dijo Aldana en voz baja, llevando gorra, lentes de sol y parándose de puntillas, llena de dudas—. Oye, ¿parecen esposos?

Llevaban cinco minutos observándolos a escondidas; estaban sentados uno al lado del otro, pero no cruzaban palabra.

—Sí, es un poco raro. —Rogelio llevaba la mochila de Aldana en la espalda; estaba regordeta y llena de un montón de cosas al azar.

Además de bocadillos y joyas, llevaba un martillo bastante pesado.

La chica había dicho: «Si el Dr. Hidalgo se atreve a hacer algo indebido, le romperé la cabeza con el martillo».

Pasaron otros cinco minutos.

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