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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1454

¿Su amor platónico?

Aunque no podía verle el rostro, su silueta revelaba que era una chica hermosa. Hacían una pareja perfecta al lado de Félix.

Se había mentalizado a tiempo para soltarlo.

Sin embargo, presenciar aquella escena con sus propios ojos le clavó millones de agujas en el corazón, causándole un dolor tan agudo que sintió el impulso de encogerse sobre sí misma.

Justo antes de que Félix girara para buscarla, Casiana maniobró la silla de ruedas rápidamente hacia una esquina, ocultando así su tristeza y vulnerabilidad.

—¿Ya terminaste?

Félix regresó a su lado y, al notar que tenía la cabeza gacha y los ojos irritados, frunció levemente el ceño.

—¿Qué sucede?

—No me siento bien.

Casiana había intentado fingir que nada pasaba, pero sobreestimó su entereza y su voz la traicionó, quebrándose al hablar.

—¿Dónde te duele?

Félix se acuclilló frente a ella, adoptando una expresión y un tono sumamente suaves. Le preguntó con delicadeza:

—¿Te duele el pie? ¿Te golpeaste durante el examen?

Casiana negó con la cabeza, pero las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas como perlas desprendidas de un collar roto; le resultaba imposible detenerlas.

—¿Duele mucho?

Félix detestaba verla llorar, especialmente porque cuando empezaba, parecía no tener fin. Tomó un pañuelo de papel y limpió con delicadeza sus lágrimas, consolándola en voz baja:

—Iré a comprar unos analgésicos y luego regresaré por los resultados.

—Estoy bien.

Casiana se secó las lágrimas restantes y le agarró la mano, con la voz aún ronca.

—Solo... extrañaba mucho a Doña Inés. Quisiera verla.

—En cuanto termine con mis asuntos pendientes, te llevaré a visitarla.

Al contemplar sus ojos hinchados y enrojecidos de tanto llorar, Félix suspiró profundamente.

—Espérame aquí, iré por la placa de la tomografía.

—Sí.

Casiana lo miró, sus largas pestañas húmedas temblaron, y asintió con voz apagada.

¿Era su imaginación?

¡Félix estaba siendo tan atento!

Pero claro, apenas unos momentos atrás había sido igual de tierno con aquella chica.

***

Al revisar los resultados.

Félix les dio un vistazo rápido y, al comprobar que no había ninguna fractura, recogió los medicamentos en la farmacia y salió del hospital junto a Casiana.

Sin embargo, no regresaron a su casa. En lugar de eso, se dirigieron a La Pastelería más cercana.

—¿A qué venimos? —preguntó Casiana, llena de curiosidad.

—¿De qué sabor se te antoja ahora? —Félix bajó del auto y posó sus ojos en ella—. Como no te gusta el pastel de fresa, te compraré uno diferente.

—¿Eh?

Las pestañas de Casiana revolotearon en evidente desconcierto.

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