—Aldi, mejor nos vemos después.
Sombra tapó el micrófono y susurró: —El marido está celoso, me toca consentirlo.
—De acuerdo.
Tras colgar con Sombra, Aldana marcó inmediatamente a Rogelio Lucero, yendo directo al grano: —Ve preparando los regalos de boda. Leonardo por fin logró convencer a Sombra de casarse.
—Vaya, ese Leonardo sí que es hábil —Aunque lo elogiaba, a Rogelio, como el viejo zorro celoso que era, no le hacía mucha gracia la situación—. Empezó a enamorarla después que yo, pero le ganó en la carrera por el título oficial.
—Ayyy.
Notando los celos y la envidia en su tono, Aldana arqueó una ceja y bromeó: —Si el Sr. Rogelio tiene tanta prisa por casarse, ¿por qué no se busca a una niña de veinte años y lo hace de una vez?
—Por supuesto que puedo esperar.
Rogelio se frotó el entrecejo, con una sonrisa formándose en los labios—. Voy a encargarme del regalo. ¿Qué tal si les regalamos un par de edificios?
—Lo que tú decidas está bien —respondió Aldana sin darle mucha importancia—. Ya sabes que Sombra ama el dinero. Cualquier cosa que huela a billetes la va a hacer saltar de felicidad.
Fin de la llamada.
Rogelio abrió el chat grupal de la familia. El anuncio de la boda secreta de Leonardo había sido enviado apenas dos minutos atrás.
Cornelio Espinosa y Sania Verano, a pesar de estar molestos por la impulsividad de su hijo, sabían que no podían meterse en las decisiones de los jóvenes.
Además, Sombra siempre fue su candidata ideal para nuera y ya le habían entregado unos generosos Regalos de compromiso.
El matrimonio era cuestión de tiempo.
Ambos le enviaron sus más sinceras felicitaciones, haciéndole jurar a Leonardo que la trataría como a una princesa.
Y, sobre todo, le advirtieron que no fuera a convertirse en un témpano de hielo como Félix Hidalgo.
Él sí que era un caso perdido: estar casado o soltero era lo mismo para él, y ahora su esposa andaba rogándole por el divorcio.
Esa actitud callada, fría e inexpresiva que tenía era insoportable para cualquier mujer.
Félix Hidalgo, quien acababa de terminar un experimento y prendía su celular...
Sintió que el mundo se le venía abajo.
¿Leonardo se había casado?
¿Y por qué demonios le caían las críticas a él?
Félix tecleó en el chat: [Felicidades por la boda].
Antes de que Leonardo pudiera responder, Sania Verano arremetió: [Aprende de tu hermano y fíjate en tus propios errores. Félix, ¿qué rayos pasa contigo y tu esposa?]
Sania Verano añadió: [O arreglan sus problemas y viven como una pareja de verdad, o si ya no hay amor, terminen las cosas en paz. Déjala ir para que la pobre mujer busque su propia felicidad].
...
Al leer los mensajes de su madre, Félix soltó un largo suspiro. Abrió el perfil de Casiana en la aplicación de mensajes.
La última conversación que habían tenido había sido hacía dos meses.

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