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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1391

—¿Eh? —Julián Carrasco parpadeó, un poco confundido.

—Proteger a tu hermana es nuestro objetivo en común —dijo Leonardo.

—Exacto. —Julián asintió con fervor. Miró a Leonardo y preguntó con cautela—: Pero... tú no vas a molestar a mi hermana, ¿verdad?

—Si la hago enojar, puedes darme una paliza.

—Trato hecho. —Julián asintió con gran seriedad—. Descuida, no me temblará la mano solo porque me invitaste a comer pollo frito. Si te atreves a lastimarla, te daré tu merecido.

—Me parece justo. —Leonardo se puso de pie, tomó la bolsa con la comida y alzó la barbilla—. Volvamos a ver a tu hermana.

—¡A la orden!

Julián bajó de un salto de la silla, sus cortitas piernas esforzándose por seguir el paso del hombre.

—Cuñado, tienes que tratar muy bien a mi hermana en el futuro, ¿entendido?

—Entendido.

—Tienes que comprarle mucha ropa bonita, ¿entendido?

—Entendido.

—No puedes gritarle, no puedes hacerla llorar y no puedes romperle el corazón.

—De acuerdo.

—Y también...

Leonardo caminó escuchando todo el trayecto con la cabeza a punto de estallar. Para ser tan pequeño, hablaba hasta por los codos. Definitivamente no. En el futuro no quería tener un hijo varón, prefería mil veces una niña.

***

En la habitación, Sombra había dormido profundamente. Al despertar, notó que el lugar estaba vacío.

Se sentó en la cama. Estaba a punto de hacer una llamada cuando la puerta se abrió y Leonardo entró.

—¿Ya despertaste? —El hombre la envolvió en sus brazos, inclinándose para darle un beso en los labios—. Debes tener hambre, come un poco.

—Sí. —Sombra asintió, recordando de pronto un asunto pendiente—. Cierto, tengo que decirte algo.

Antes de que pudiera terminar, la voz de Julián resonó desde la sala:

—¡Cuñado! ¿Cómo se enciende la televisión? ¡Quiero ver los dibujos animados!

Sombra parpadeó, desconcertada. ¿Por qué le resultaba tan familiar esa voz? ¡Sonaba exactamente como ese mocoso de Julián!

—¡Tu hermanito está afuera! —Leonardo le dio un suave toque en la nariz, riendo por lo bajo—. El pequeño se quedó haciendo guardia en la puerta durante dos horas. Dijo que quería protegerte y me lo encontré justo cuando salí.

Mientras la ayudaba a vestirse, añadió con una sonrisa.

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