—Comencemos.
Rogelio se sentó a un lado. Cruzó sus largas e imponentes piernas con elegancia y clavó su mirada gélida en los periodistas.
—Informen la verdad. ¿Entendido?
—¡Entendido!
—¡Lo entendemos!
Los reporteros asintieron de inmediato, comprendiendo finalmente la razón por la que Rogelio asistía en persona a la «conferencia de prensa».
Venía a respaldarla.
Con él vigilando, ¿qué medio se atrevería a escribir mentiras?
—Papá, mamá.
Aldana caminó hacia Sania y Cornelio, dedicándoles una leve sonrisa.
—Empiecen.
—De acuerdo.
La pareja asintió, sentándose a cada lado frente a las computadoras. Una enorme pantalla electrónica se dividió en dos, mostrando diferentes imágenes.
—Lo que ven arriba son los datos genéticos de mis padres.
Aldana, sentada en un taburete alto y con el rostro en alto mostrando sus finos rasgos, habló con su voz serena:
—A continuación, mis padres demostrarán las posibles combinaciones genéticas de los hijos que podrían concebir.
Al escuchar la indicación, los dedos de la pareja volaron sobre los teclados.
La gente miraba atónita.
Los espectadores solo veían números mezclados con letras inglesas saltando frenéticamente por la pantalla.
Por separado conocían el abecedario, pero juntos solo lograban dejarlos con la mente en blanco.
—Tras realizar los experimentos de extracción y combinación de genes, se obtuvieron cerca de treinta posibilidades.
—Las primeras seis coinciden de manera exacta con las secuencias genéticas actuales de mis seis hermanos, lo que prueba que sus genes no sufrieron ninguna alteración.
—La última es la mía, y coincide exactamente con mi secuencia genética actual.
—Señorita Carrillo...
—Guarden silencio.

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