Abajo, en el estacionamiento.
Sombra vigilaba a su alrededor como si fuera una ladrona, asegurándose de que nadie la viera.
Luego se escabulló rápidamente hacia el auto de Leonardo.
—Durante la cena, Alda no dejó de mirarme. ¡Casi me muero del susto!
Nada más subirse al auto, empezó a quejarse.
—Y tú, fuiste tan descuidado, casi nos descubren.
Leonardo frunció los labios, con una sombra de disgusto cruzando su rostro, y respondió con voz grave:
—Ambos somos solteros, es completamente normal que tengamos una relación.
Cualquiera que los viera actuar así creería que estaban teniendo una aventura extramarital.
—Tienes razón —Sombra hizo un mohín—. Tendremos que buscar una oportunidad para contárselo a Alda.
Si seguían así, iba a terminar con un ataque al corazón.
—De acuerdo.
La comisura de los labios de Leonardo se elevó, y su estado de ánimo mejoró de inmediato.
—Gracias, señorita Sombra, por darme mi lugar oficial.
—Qué oficial ni qué nada.
Las mejillas de Sombra se calentaron y murmuró:
—Por ahora solo se lo diremos a Alda y al viejo zorro, a los demás los mantendremos al margen.
Estaba en un momento crítico. Mientras menos personas supieran sobre su verdadero «género», mejor.
La única razón para decírselo a Aldana era que la chica era demasiado lista.
Si seguía fingiendo delante de ella, pronto todos sus secretos quedarían al descubierto.
Poco después.
El coche se estacionó en el garaje. Leonardo tomó a Sombra de la mano y se dirigieron hacia la puerta principal.
—Me duelen un poco las piernas, ¡cárgame! —Sombra le dio un golpecito en el brazo.
—¿Te duelen?
Leonardo se quedó sorprendido un segundo, pero rápidamente entendió, y la levantó en brazos sin dudarlo.
—Toda princesa debe ser cargada estilo nupcial.
—¿De nuevo aprendiendo cursilerías del viejo zorro?
Sombra, rodeando su cuello con los brazos, se quejó en voz baja:
—A Rogelio le encanta decir esas tonterías melosas, no le copies.
—Entendido.
Leonardo sonrió, acercó su rostro al de ella y dijo con voz ronca:
—Ahora yo no puedo caminar. Necesito un beso tuyo para poder continuar.
Sombra lo miró fingiendo molestia, pero de todos modos estiró el cuello y le dio un beso en la comisura de los labios.

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