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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1122

¿De qué tipo de interrogatorio estaríamos hablando?

¡¿Y si Rogelio no soportaba las amenazas y les contaba toda la verdad?!

...

Aldana pegó la oreja a la puerta, intentando captar cualquier sonido proveniente del interior.

En la habitación, Rogelio estaba rodeado por Leonardo y los demás, quienes lo fulminaban con la mirada.

—¿Qué pasa? —Rogelio todavía sostenía un vaso de leche tibia en la mano, sintiéndose un poco nervioso—. Aldi está por despertar, tengo que ir a verla.

...

Wilfredo se movió con rapidez y bloqueó la puerta, cortándole el paso.

No había escapatoria.

Rogelio frunció el ceño y, resignado, se giró para enfrentar a sus cuñados.

—Si hubiera algo sobre lo que tuvieras que mentirle a mi hermana, ¿qué harías?

Leonardo lo miró fijamente, con el rostro serio y frío.

...

Rogelio también le sostuvo la mirada a Leonardo, con un toque de confusión en los ojos.

Rara vez veía una expresión tan severa en el rostro de Leonardo.

—Le prometí a Aldi que nunca le mentiría —respondió Rogelio con voz perezosa pero firme—. No puedo romper mi promesa.

—¿Y si la vida de Aldi estuviera en peligro? —la manzana de Adán de Leonardo subió y bajó—. Entre romper tu promesa y protegerla, ¿qué eliges?

...

Rogelio frunció más el ceño. Tras unos segundos de tenso silencio, preguntó lentamente:

—¿Qué está pasando exactamente?

—Creemos que encontramos a nuestro padre.

Leonardo hizo una pausa antes de continuar, midiendo sus palabras.

—El hombre que está herido en El Refugio... es muy probable que sea nuestro padre.

¿Qué?

Al escuchar eso, los oscuros ojos de Rogelio se profundizaron y se frotó el puente de la nariz, visiblemente incómodo.

Lourdes se opuso rotundamente, con los ojos enrojecidos.

—Si tú estás a salvo, podrás proteger a Aldi en el futuro.

Gilda era la que mejor sabía pelear de todos los hermanos. Con ella al lado de Aldana, Lourdes se sentía mucho más tranquila.

—Lourdes... —Gilda intentó convencerla, pero Wilfredo la interrumpió.

—Yo iré. El Refugio solo sabe que existe la séptima, tal vez ni siquiera sepan si es hombre o mujer.

—Creo que yo soy la mejor opción —intervino Félix, sin quedarse atrás—. Soy doctor. Quizás los de El Refugio no me maten si ven que puedo serles útil en el campo médico.

—Yo... —empezó a decir Leonardo, pero se detuvo. Él era un actor famoso en todo el país. No podía fingir su edad. Además, todo el mundo sabía que había encontrado a su hermana. Si El Refugio se enteraba, probablemente investigarían y descubrirían a los demás. Aldana seguiría en peligro.

Se tragó las palabras y cambió su enfoque:

—Si necesitan algo de mí, no dudaré en dar la vida.

—¡Yo iré!

—¡No, iré yo!

—¡Dejen de discutir! ¡Yo soy más astuto, yo iré!

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