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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1069

Aldana agachó la cabeza y siguió comiendo fruta, fingiendo no saber nada.

Si se metía en líos, la cosa se pondría fea.

—He oído que quieres ir a atraparme siéndote infiel en el cóctel del fin de semana.

Rogelio se acercó y le mordisqueó suavemente el lóbulo de la oreja a modo de castigo.

—Ajá.

Aldana arqueó una ceja, la sonrisa desapareció de su rostro y sus labios rojos se entreabrieron.

—Hay una mujer que quiere meterse en tu cama, ¿y no puedo ir a pillarlos?

—Puedes.

Rogelio le acarició el largo cabello, con una mirada tierna y consentidora.

—Si quieres jugar, juega. Ya le he pedido a Iván que la investigue. Si no quieres ensuciarte las manos, deja que él se encargue.

—¿Cuándo te diste cuenta?

Aldana alzó ligeramente sus ojos claros, con una leve sonrisa en los labios.

—En el club.

La mano de Rogelio se posó en el respaldo de la silla, su tono se cargó de aversión.

—Ponerse una cara como la tuya y tirarse delante de mí. Qué agallas tiene.

Desde que entró, sus ojos no se habían apartado de él.

No hizo nada.

Porque consideró que no era necesario ensuciarse las manos y contaminar los ojos y oídos de su chica.

No se esperaba que…

La otra tuviera tantas ganas de morir que se apresurara a buscar la muerte.

—El fin de semana no tengo nada que hacer, y estar ociosa es aburrido —dijo Aldana con una sonrisa, las comisuras de sus labios se elevaron—. Ocuparme de una impostora es algo que puedo hacer de paso.

—De acuerdo.

Rogelio asintió, su mirada aún fija en el rostro de Aldana, sus finos labios se curvaron ligeramente.

—¿Y qué más?

—¿Qué más?

Aldana parpadeó y preguntó seriamente:

—¿Se te han acercado otras impostoras? ¡¿Producción en masa?!

Rogelio originalmente quería discutir con ella el asunto del «celibato».

Eliseo no tenía filtro en la boca, y ella se había reído bastante a gusto.

«Hum».

«A ver si cuando enferme por reprimirme, le quedan ganas de reírse el resto de su vida».

«Mocosa desalmada».

—¿No quieres ayudar o no sabes cómo?

—¡Rápido, se está muriendo!

Los demás se unieron, con la ansiedad escrita en sus rostros.

La chica enferma parecía tener solo dieciocho años.

Si no recibía tratamiento a tiempo y algo le pasaba, se destruiría a toda una familia.

Qué tristes estarían sus padres.

Mientras los que no sabían de medicina intentaban ayudar, Kiara permanecía inmóvil.

Ante las acusaciones de la multitud, Kiara no tuvo más remedio que entregarle el bolso a alguien a su lado, arremangarse el abrigo y agacharse junto a la paciente.

Se mantuvo a medio metro de distancia, asomándose para mirar.

Pronto, con un gesto de repugnancia, se apartó y dijo con indiferencia:

—Su estado es demasiado grave, no se la puede tocar sin más. Llamen a una ambulancia.

«¿Y seguirá viva cuando llegue la ambulancia?».

—Kiara, ¿no quieres ayudar o no sabes cómo? —inquirió una compañera, que no podía soportarlo más.

—Yo…

Antes de que Kiara pudiera hablar, una voz resonó de repente desde la distancia:

—¡Claro que no sabe cómo!

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