—Vámonos.
—De acuerdo.
En cuanto Aldana se fue, los demás compañeros, que todavía estaban en estado de shock, la siguieron apresuradamente.
—Aldana, ¿estás bien?
Jacinta tiró de su manga y preguntó con cautela.
Aunque había oído rumores de que a Aldana le gustaba pelear, verlo en persona fue bastante impactante.
Sobre todo esa bofetada, que casi mandó a volar a Kiara.
—¿Por qué no iba a estarlo?
Aldana sonrió levemente, frotándose la muñeca, y dijo con despreocupación: —Hacía mucho que no peleaba, ya perdí la práctica.
—El padre de Kiara es miembro del consejo directivo de la universidad... —murmuró el presidente de la clase, recordándoselo con preocupación—. Le diste una bofetada en público hoy, y conociendo su carácter vengativo, no te lo dejará pasar.
—¿Consejo directivo?
Aldana soltó una risa fría y dijo con pereza: —¡Y yo que pensaba que la universidad era de su familia!
Incluso si lo fuera, ¿qué tenía que temer?
No era más que una simple mosquita muerta.
—Pero...
Jacinta estaba realmente asustada, tartamudeando sin poder decir nada.
—¿Y por qué no tenías miedo cuando la estabas enfrentando?
Aldana se detuvo y miró a Jacinta con una sonrisa ambigua.
—Estaba demasiado enojada en ese momento, ocupada en defenderte, no pensé en nada más.
Jacinta se tocó la oreja mientras hablaba, y su voz sonaba bastante cobarde: —Ahora que lo pienso, era como darme de cabeza contra un muro.
Su familia no tenía poder ni influencias.
Para Kiara, deshacerse de ella sería pan comido.
Quizás mañana mismo la expulsarían de la universidad.
—¿Te arrepientes? —Aldana la miró fijamente.
—¿Yo?
Jacinta frunció los labios, sintiéndose un poco culpable por un momento, pero luego levantó la cabeza de golpe: —No me arrepiento. Nunca me rendiré ante una persona tan malintencionada.
—Si se atreve a expulsarme, haré una transmisión en vivo en internet y contaré la verdad.
Tras escuchar las voces estridentes del padre y la hija, el rector se frotó la nariz con una sonrisa incómoda: —¿Escuché bien? ¿Quieren que Aldana se largue de la Universidad de la Capital?
—Exacto —asintió Kiara con fuerza.
—No creo que sea una buena idea. —El rector mantuvo su sonrisa amable y explicó con paciencia—: Aldana Carrillo es el orgullo de nuestra universidad. El valor de tener a la estudiante con la puntuación perfecta...
Al oír las divagaciones del rector, Rafael puso una cara larga y lo interrumpió sin rodeos: —El proyecto de inversión del próximo año para la universidad todavía está en el aire, ¿verdad?
La voz del rector se apagó de repente y su sonrisa desapareció.
Era cierto.
La familia Cárdenas tenía mucho dinero, y además, como Rafael era miembro del consejo directivo, donaba una suma considerable cada año.
Estaba agradecido por ello.
Por eso mismo...
Estaba intentando persuadirlos pacientemente para que no corrieran hacia su propia ruina.
Que midieran sus propias fuerzas.
Que no ofendieran a quien no debían.
—Rafael.

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