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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1003

—De acuerdo.

El subordinado asintió y de inmediato se fue a encargar del asunto.

***

Al día siguiente.

Aldana apenas se despertó cuando recibió las frutas y los documentos que Quico había enviado.

—Ven a ver.

Rogelio le cortaba un mango mientras los documentos, aún sin abrir, reposaban sobre la mesa.

—Ah.

Aldana se acercó y se sentó junto a Rogelio, ordenándole como si fuera una jefa:

—Dame de comer.

—Claro.

Rogelio ya estaba acostumbrado. Con una sonrisa cariñosa en los ojos, dijo:

—Abre la boca.

Mientras disfrutaba de que la alimentaran, Aldana abrió el sobre con los documentos.

—Señorita Carrillo, Quico me pidió que le dijera que lo ayudara a investigar esto —transmitió Iván respetuosamente.

Sacó los papeles.

Al ver el nombre que aparecía, frunció el ceño con fuerza.

El Refugio.

«¿Cómo se atreve a meterse con Julieta y las demás?», pensó.

—¿Qué más dijo mi cuñado?

—El jefe de la isla dice que ese tipo le propuso una colaboración —continuó Iván—. Ofreció la increíble suma de diez mil millones, diciendo que estaba interesado en las valiosas hierbas medicinales del patio de la señorita Mendes, así como en la habilidad de ella para cultivar hierbas raras.

»Dijo que esperaba poder establecer una colaboración a largo plazo.

—Maldito perro —espetó Aldana, arrojando los documentos sobre la mesa con una mirada gélida—. Así que ahora sus sucios planes apuntan a Julieta.

Rogelio bajó la vista para mirar los papeles y luego le dio otro trozo de fruta a Aldana.

—Dile a Quico que ese tipo no es de fiar, que se mantenga alejado de él —ordenó Rogelio con expresión seria—. Y también, que la esposa del jefe de la isla cuide bien de su embarazo y que no salga de la isla a menos que sea absolutamente necesario.

—Sí, jefe.

Con las órdenes recibidas, Iván se fue de inmediato a cumplirlas.

En la sala de estar.

Solo quedaban Rogelio y Aldana.

—Hay muchas personas en el mundo capaces de cultivar hierbas raras. ¿Cómo es que el líder de El Refugio dio justamente con Julieta?

—¿Qué piensas hacer? —Rogelio la sujetó para calmar su agitación y le ofreció más fruta para tranquilizarla—. No podemos dejar que ese tipo siga con vida.

Era como una serpiente venenosa que asomaba la cabeza de vez en cuando.

Uno ni se daría cuenta cuando lo mordiera.

—¿No quería colaborar conmigo? —dijo Aldana con frialdad, masticando la fruta con fuerza—. De acuerdo, entonces esta muñequita va a jugar un rato con él.

»De paso, rescataré a esa pobre pareja.

«¿Pobre pareja?», pensó Rogelio.

Frunció ligeramente el ceño al recordar al hombre del que ella le había hablado.

Lo habían torturado tanto que ya no distinguía un dos de un siete.

—Solo que…

Aldana giró la cabeza, se acurrucó en los brazos del hombre y le rozó la nuez con la punta de los dedos.

—Necesitaré que el señor Rogelio actúe conmigo y derrame un poco de sangre.

—No te muevas así.

Rogelio le sujetó la mano inquieta. Sus ojos se tiñeron de un rojo intenso y su voz se volvió ronca.

—No siempre puedo contenerme.

—¿Ah, sí? —respondió Aldana, desafiante—. ¡Pues entonces no te contengas!

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