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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1000

—Vaya, así que esto es la Isla Solestia.

Sombra, con un brazo alrededor de la cintura de Aldana, miraba a su alrededor con curiosidad y no paraba de hablar.

—El ambiente es bastante agradable. ¡Hasta tienen un huerto!

»Aldana, a tu hermana le gusta lo mismo que a ti, ¿le encanta el cilantro?

—Sí.

Aldana miró de reojo el cilantro que crecía frondoso en el huerto, y su expresión se suavizó sin que se diera cuenta.

—Dile que prepare albóndigas con cilantro esta noche. Hace mucho que no las como y se me antojan.

Julieta se quedó inmóvil, observando la cercanía con la que hablaban.

La sonrisa de su rostro se desvaneció, y su expresión se tornó seria.

—Julieta.

Al verla, Aldana se acercó a ella con una leve sonrisa.

—Ah.

Julieta respondió con incomodidad, pero sus ojos estaban fijos en Sombra. Preguntó sin amabilidad:

—¿Y este quién es?

«¿Eh?», pensó Aldana.

Antes de que pudiera responder, Sombra se presentó por su cuenta:

—¿Yo? Soy el amorcito de tu hermana.

—¡...!

Los ojos de Julieta se abrieron como platos y su boca quedó ligeramente entreabierta.

Estaba atónita.

Si él era el amorcito de Aldana, ¿entonces qué era Rogelio?

Aunque Rogelio era un poco mayor, era guapo, tenía dinero y sabía cómo consentirla.

Después de observarlo todo ese tiempo, Julieta ya había aceptado a su cuñado.

Y ahora, de repente, aparecía un «amorcito»…

¡Vaya, su hermana sí que jugaba en varias canchas!

—No digas tonterías —le regañó Aldana en voz baja, y luego abrió sus rosados labios—. ¿Hay algo de comer? Tengo mucha hambre.

—Sí.

Julieta sonrió con dulzura y tomó a Aldana de la mano para guiarla.

—Sabía que venías, así que preparé mucha comida.

—Yo también tengo un poco de hambre —dijo Sombra, siguiéndolas con paso vacilante.

Julieta lo miró de reojo, sin decir nada.

«¿Quieres un poco de mi cuchillo?», pensó.

En la mesa, Sombra no dejaba de servirle comida a Aldana.

—No. —La mente de Aldana estaba concentrada en la deliciosa comida; todo era de su agrado.

¡Qué rico estaba todo!

Habían venido porque les quedaba de paso, así que no le había avisado a Rogelio.

Aunque sí le había enviado un mensaje para decirle que estaba bien después de salir de El Refugio.

«¿No lo sabe?», pensó Julieta.

Frunció el ceño aún más. ¿Acaso se habían escapado a escondidas?

Se rascaba la cabeza, queriendo preguntar, pero sin saber cómo hacerlo.

Finalmente, después de comer, Sombra salió a jugar con un perro.

Julieta aprovechó la oportunidad, llevó a Aldana a un lado, se cruzó de brazos y la miró enfadada.

—Habla.

—¿Hablar de qué?

Aldana, que todavía estaba comiendo el postre, levantó la vista, completamente confundida.

—Tú y ese tal Sombra, ¿qué se traen? —Julieta se inclinó hacia ella y susurró—. ¿Rogelio sabe de su existencia?

—Sí, lo sabe.

Aldana parpadeó, respondiendo con sinceridad.

—Ustedes… —Julieta apretó los labios, y finalmente se armó de valor para preguntar—: ¿Acaso estás jugando a dos bandas? ¿Lo engañas con ese jovencito?

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