Llamaron a la puerta.
Vicente se giró bruscamente.
Clara lo apartó de un empujón.
—¿Qué pasa?
—Señora... —la voz de la señora Tere era baja y suave—. Silvia se despertó. Dice que hay un pájaro raro afuera de la ventana, que tiene miedo y quiere dormir con su mamá.
Vicente recordó los gritos escandalosos de Lucas.
Clara lo apartó por completo.
—Ya voy...
Atrás se escuchó el roce de la ropa.
Clara abrió la puerta. Afuera estaba la señora Tere, con cara de preocupación, y Silvia lloriqueando, abrazando su pequeño dinosaurio de peluche.
Detrás de Silvia estaba Andrés, abrazando su propia almohadita.
—Vengan, vamos a dormir todos juntos.
Clara se hizo a un lado. Silvia, con el dinosaurio en una mano y tomando a Andrés de la otra, entró a la habitación junto con su hermano.
Sus ojos adormilados se iluminaron por un instante y Silvia exclamó sorprendida:
—¡Papá!
¡Afuera, los pasos de la señora Tere alejándose se volvieron mucho más rápidos!
En la enorme cama, había espacio más que suficiente para que durmieran los cuatro.
Silvia y Andrés durmieron en el centro.
Clara y Vicente a los lados.
—Mamá... —Silvia abrazó fuerte a su dinosaurio, con su dulce voz infantil medio adormilada pero clara—. ¡Me siento muy feliz!
—Sí, mamá también se siente muy feliz.
Besó la frente de Silvia, le dio unas palmaditas tiernas a Andrés, y Clara no pudo evitar levantar la vista hacia Vicente.
No vio la molestia que esperaba.
Bajo la tenue luz amarilla, el hombre la miraba fijamente, con una mirada tranquila y cálida.
Sus ojos seguían siendo profundos, pero ya no parecían un océano a punto de desatar una tormenta.
Eran como... un río que fluye en calma.
Llenos de cariño y ternura.
¿Cariño? Un hombre borracho miraría hasta a un perro con cariño, sintiéndose el gran galán de telenovela.
Clara se obligó a mantener la calma.
—Mamá...
—Sí, aquí estoy, mi amor.
—Hoy no nos contaste un cuento.
—Está bien, mamá les va a contar a Silvia y a Andrés la historia de la mamá dinosaurio y su bebé dinosaurio...
Acompañado de unas suaves caricias.
Pero aún más suave que sus caricias era la voz de Clara:
—Hace mucho, mucho tiempo, después de una fuerte tormenta, una dulce mamá dinosaurio encontró un pequeño huevito en el bosque...
—...Pasaron algunos años, y los pequeños dinosaurios crecieron hasta ser tan altos como su mamá...

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