Clara sintió curiosidad.
—¿En qué trabajabas antes?
Al mencionar su trabajo, Teresa no paraba de hablar.
Era abogada.
Pensó que con tener sólidas habilidades profesionales sería suficiente, pero nunca imaginó encontrarse con víboras en el ámbito laboral.
La competencia no solo le había robado con comisiones bajas a varios clientes que ya estaban a punto de firmar, sino que además habían difundido rumores en el bufete, diciendo que cerraba los tratos yendo a tocar las puertas de los clientes a medianoche.
—Yo era la abogada estrella de nuestro bufete. Más de la mitad de los contratos los redacté yo, palabra por palabra, cláusula por cláusula... —Al recordar las noches en vela rompiéndose la cabeza con los contratos, y la soledad de verse abandonada por todos y luchando sola, Teresa no podía ocultar su indignación—. Si querían desecharme después de usarme, ¡jaja, pues les volteé la mesa y me largué!
¡Ya no iba a jugar su sucio juego!
Teresa parecía una justiciera llena de furia.
Clara le palmeó el hombro para calmarla.
—¿Y a qué empresas has mandado tu currículum?
Al tocar ese tema, Teresa soltó un largo suspiro.
—En la primera ronda lo mandé a los bufetes más importantes de la capital. En cuanto veían que estaba casada y tenía una hija, todos me dejaban en «visto». Y ahora, he mandado solicitudes a cualquier lugar grande o pequeño que pueda...
Había tenido un sinfín de entrevistas, y aquellas ofensivas preguntas de «¿cuándo planea tener el segundo hijo?» ya la tenían anestesiada.
Pero seguía sin éxito.
O el salario no cuadraba, o las horas extras eran demasiadas.
—¡Querer equilibrar la carrera y la familia es verdaderamente imposible!
Teresa miró al techo, frustrada.
Clara no pudo evitar reírse.
—Entonces... ¿por qué no intentas mandar tu currículum al departamento legal de los grandes corporativos?
Aunque las grandes empresas también eran una carnicería competitiva, al final del día, lo que importaba era la capacidad.
Ya que de todas formas iba a matarse trabajando, ¿por qué no hacerlo en una empresa gigante?
Clara sugirió con cautela:
—Por ejemplo, Grupo Velasco, o la familia Soler...
—¡Si en las empresas pequeñas no me aceptan, en las grandes menos!
—¿Por qué no lo intentas? Nada pierdes. ¿Qué tal si pega?
Teresa apretó los dientes.
—...¡Está bien!
Más vale actuar que solo pensar. Con su impresionante nivel de acción, Teresa ni siquiera esperó a llegar a casa. Sacó su teléfono, entró a los portales de recursos humanos de las principales corporaciones de la capital y envió su currículum de inmediato.

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