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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 56

—¡Entendido!

La llamada terminó y el tráfico seguía igual de denso.

Pero el corazón de Selena ya estaba despejado y radiante.

Sin embargo, el buen humor le duró menos de diez minutos.

Su Ferrari entró al estacionamiento subterráneo del edificio de la empresa y se detuvo en su lugar exclusivo.

Aún no había apagado el motor.

De repente, una figura salió disparada de las sombras.

Al abrir la puerta del auto, esa figura se abalanzó hacia ella.

—Selena...

Al escuchar esa voz de la nada, Selena dio un respingo por el susto.

Al voltear, se encontró con un hombre mayor, de sonrisa repulsiva y apariencia descuidada.

—Selena, soy tu papá... —El viejo la miraba como si fuera un pedazo de carne asada, temblando de la emoción con los ojos brillantes.

—¡¡¡No te acerques!!! —gritó Selena, aterrorizada de que esas manos grasientas la tocaran—. ¡Lárgate... si no te largas, llamaré a seguridad!

A unos cien metros de distancia estaba la caseta del guardia.

Solo necesitaba gritar y el guardia vendría corriendo con su macana.

—Selena, no te asustes, de verdad soy tu papá... —El hombre retrocedió dos pasos y empezó a hablar a toda velocidad—. Selena, tienes una marca de nacimiento roja del tamaño de un cacahuate debajo de la axila. Y tienes un apodo, tu apodo es Pequeña, yo te lo puse. ¿Acaso tu madre no te lo dijo?

Selena perdió todo el color del rostro.

Esa marca bajo su axila... ni siquiera Mauricio sabía de ella, solo su madre y ella lo sabían.

Y en cuanto a ese apodo, ni siquiera Yolanda lo conocía.

Era la forma cariñosa en la que la señora Victoria la llamaba cuando la arrullaba para dormir.

La señora Victoria la trataba mejor que su propia madre. Era la primera persona que veía al abrir los ojos y la última antes de dormir.

Su madre siempre decía que haber encontrado a una niñera tan buena era una bendición caída del cielo.

Hasta que, a los 20 años, descubrió que la señora Victoria era su madre biológica.

Pero en ese entonces, la señora Victoria llevaba diez años muerta.

Después de un breve momento de pánico, Yolanda le aseguró que seguiría siendo considerada como una hija más de la familia Soler.

Solo entonces pudo respirar tranquila.

Antes de que Clara volviera a casa, el corazón de Selena estaba lleno de culpa. Quería devolverle a Clara todo el amor que sus padres le habían dado durante 20 años, y multiplicado.

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