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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 38

La maquilladora se quedó pasmada un segundo, hasta que, al mirar por el espejo, vio a su asistente tratando de aguantar la risa y formando las sílabas con los labios.

¡Una colonia clásica de… farmacia!

¿Repelente de mosquitos?

—¡Ay, señora Velasco, qué divertida es! —Todo el nerviosismo que sentía antes de empezar se esfumó. La maquilladora le sugirió con una sonrisa sincera—: Tiene una piel radiante y facciones preciosas. Usted es de esas personas a las que todo le queda espectacular... Yo creo que no hace falta un maquillaje pesado; algo muy natural que resalte su belleza será perfecto, ¿qué le parece?

—Tú eres la experta, ¡lo que tú digas!

—¡Perfecto!

Al final, Clara se decidió por el conjunto de aguamarinas que la enamoró a primera vista.

Un elegante vestido de terciopelo negro hasta los tobillos.

El cabello recogido en un peinado sofisticado.

Sin recargarlo de accesorios, bastó con el collar de aguamarinas y unos pendientes sutiles.

Con tan solo un ligero giro del rostro, la figura en el espejo deslumbró, cobrando vida propia y proyectando una imagen cautivadora.

Clara quedó completamente encantada.

Mientras el coche la llevaba a la gala, Clara se recostó contra el asiento, mirando por la ventana. Se tomó muchísimas fotos de todos los ángulos y escogió las mejores para mandárselas a Yolanda Valdés.

Recibió un montón de mensajes llenos de piropos como respuesta.

El teléfono sonó.

Era la señora Lana.

Pensando que Silvia la extrañaba, Clara contestó con un tono dulcísimo.

—¿Hola?

—Señora, algo anda mal... —la voz de la señora Lana sonaba urgente—. ¡Silvia está ardiendo en fiebre!

El mismo miedo que sintió en la mansión de la familia Soler cuando Silvia se lastimó en el invernadero volvió a golpearla. Clara preguntó de inmediato:

—¿Y Andrés?

—Andrés está bien.

—¿Ya llamaste al doctor?

—Hicimos que el doctor viniera en cuanto le subió la temperatura. Le dimos la medicina, pero ya pasó media hora y no se le baja. El doctor también le puso una inyección, pero después de tanto rato sigue igual...

La señora Lana era muy hábil cuidando niños, pero enfrentarse a una emergencia así en un lugar que no conocía la hizo entrar en pánico.

De fondo, se escuchaba el llanto débil y ronco de Silvia; quién sabe cuánto tiempo llevaba llorando.

A Clara se le encogió el corazón.

Si Andrés estaba bien, eso significaba que su teoría anterior estaba equivocada.

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