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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 23

Había dormido como un bebé.

Clara despertó de forma natural, sin alarmas.

Al abrir los ojos y mirar la pantalla del celular, la encontró repleta de notificaciones.

Todas eran mensajes de WhatsApp de Yolanda.

06:55: [Mi amor, ¿ya despertaste?]

07:22: [¿Quieres venir a desayunar? Te preparé esos sándwiches que tanto te gustan.]

08:16: [Clara, ¡maneja con mucho cuidado!]

09:09: [Este mensaje fue eliminado.]

Clara sabía perfectamente qué decía el mensaje eliminado.

¿Ya no vas a venir, verdad?

Casi podía ver la expresión de tristeza y decepción en el rostro de Yolanda al otro lado de la pantalla.

Rápidamente, Clara le marcó por videollamada.

Fue como si Yolanda tuviera el teléfono pegado a la mano; contestó al primer segundo.

Llevaba un elegante vestido largo en tono perla y en el cuello lucía un collar de perlas espectacular. A través de la pantalla, se veía tan elegante y arreglada como si estuviera a punto de asistir a un evento de la alta sociedad.

Por el contrario, Clara tenía el cabello revuelto y los ojos apenas abiertos.

—Mamá, me acabo de despertar...

El corazón de Yolanda, que había estado lleno de nervios y ansiedad toda la mañana, se derritió por completo.

—Ay, mi niña, ¿te desperté con los mensajes? Sigue durmiendo, no te preocupes... Vienes a comer, o a cenar, cuando tú quieras.

—Ya me levanto... —Clara se frotó los ojos, enfocó la vista en la pantalla y sonrió con genuina admiración—. ¡Mamá, te ves guapísima hoy!

Yolanda se quedó paralizada en el sofá, sin saber qué decir.

Clara soltó un bostezo.

—Me voy a arreglar, mami. ¡Nos vemos en un rato!

—Sí, sí, claro...

La llamada terminó, pero Yolanda seguía petrificada, sin poder salir de su asombro.

En el pasado había fantaseado con tener esa relación típica donde la madre es dulce y la hija es su confidente.

Pero, por alguna razón, se habían ido distanciando cada vez más.

Escucharla hablar con esa voz mimada y cariñosa era algo que no había sucedido en los últimos años.

Yolanda sentía que estaba soñando.

La puerta de la habitación principal se abrió. Mauricio Soler, impecablemente vestido de traje, notó los ojos enrojecidos de su esposa. Mientras se ajustaba la corbata, refunfuñó:

Capítulo 23 1

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