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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 113

—¡En los últimos cinco años nunca te habías arreglado así! —reclamó Vicente, casi como si pusiera una queja—. ¡Ni una sola vez!

¿Eh?

Clara hizo memoria y se dio cuenta de que tenía razón.

En el inmenso clóset de la Mansión de la Colina había todo tipo de ropa, conjuntos casuales, trajes de noche, pero ni un solo vestido elegante de ese estilo.

Pero que la acusara de descuidar su matrimonio solo por un vestido, era ir demasiado lejos, ¿no?

—Pues me lo puse hoy, ¿no es así? —replicó ella, decidiendo usar su propio argumento en su contra—. Todavía faltan veintiséis días para que termine el período de reflexión, no es demasiado tarde para que me veas así, ¿verdad?

—¡Eso no cuenta!

—¿Por qué no va a contar?

—¡Porque no te lo pusiste solo para mí!

—... —Clara entrecerró los ojos—. Vicente, sospecho que solo estás buscando pelear por capricho.

¡Pum!

La única respuesta que obtuvo fue el portazo que dio el hombre al cerrar el coche, furioso.

Diez minutos después, el Maybach entró en las instalaciones de un exclusivo lugar en el este de la ciudad llamado Club Privado Victoria.

La organizadora de la subasta benéfica se apellidaba Valente; una mujer con excelentes contactos en la alta sociedad, que se codeaba lo mismo con políticos que con empresarios.

Algunos decían que era la amante de un alto funcionario.

Otros aseguraban que hasta los líderes de la mafia le rendían pleitesía como niños asustados.

La subasta benéfica se realizaba dos veces al año y siempre estaba abarrotada de invitados, la gran mayoría acudiendo solo por respeto a ella.

Al bajar del auto y ver el deslumbrante salón de eventos, Clara recordó cómo devolverle el golpe a su esposo.

—Señor Velasco, en los últimos cinco años, nunca me habías traído a un lugar tan animado.

Ja.

Vicente soltó una risa sarcástica y, pasando un brazo largo por su cintura, la atrajo hacia él.

—Parece que mi esposa no tiene muy buena memoria.

¿Qué?

Hizo un esfuerzo por recordar mientras cruzaban las deslumbrantes puertas de cristal del salón.

Un recuerdo fugaz cruzó su mente y Clara sintió que el alma se le caía a los pies.

Aquel vestido con un escote en la espalda que lastimaba la vista.

Y ese maquillaje recargado y espantoso que prefería olvidar.

¿Qué estilista de pacotilla le había hecho eso?

—Señora Velasco...

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