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La Verdad No Sangra, Pero Yo Sí romance Capítulo 19

Las puertas del ascensor se cerraron y en el espejo se reflejó el rostro de Miranda, con el ceño levemente fruncido.

Cuando el ascensor llegó al primer piso y las puertas se abrieron, Miranda salió, pero se detuvo en seco al echar un vistazo afuera.

Debajo del viejo árbol al otro lado de la calle, estaba estacionado el auto de Alberto.

Él estaba en el asiento trasero. Tenía la ventanilla bajada y su rostro estaba vuelto hacia el edificio.

El corazón de Miranda se encogió, sin saber muy bien por qué.

Sin dudarlo, cruzó la calle, abrió la puerta y subió al auto.

—¿Qué haces aquí? —Su voz sonó mucho más calmada de lo que esperaba.

—Pasaba por aquí. —Alberto hizo un gesto a Sergio para que arrancara.

Los edificios de cristal del distrito financiero empezaban a reflejar la luz del atardecer, y el resplandor resultaba un poco deslumbrante.

—¿Cómo te fue? —preguntó.

—Hablamos de lo que teníamos que hablar. —Miranda se recostó en el asiento—. Leopoldo fue muy amable y se disculpó como correspondía. También me pidió que te diera un mensaje: dice que otro día te invita a tomar algo.

Al escucharlo, Alberto no cambió de expresión y se limitó a murmurar un sonido de asentimiento.

El auto quedó en silencio por un momento. Miranda miró por la ventana, observando el paisaje urbano pasar.

De repente se sintió cansada, pero no era un agotamiento físico, sino esa sensación de vacío que llega después de que la tensión acumulada durante horas finalmente se disipa.

—Don Gerardo está mucho mejor —dijo ella.

—Mhm.

—Sobre lo de Xavier...

—Ya lo encerraron —se apresuró a decir Alberto—. Él mismo confesó. Esas empresas de fachada que tenía Cecilia se liquidarán en menos de tres días. La familia de tu amiga recuperará su terreno muy pronto.

Lo dijo de una manera tan simple, pero Miranda sabía perfectamente lo que ocultaban esas palabras.

El auto volvió a quedar sumido en el silencio por unos instantes.

Miranda lo pensó un poco, pero al final decidió preguntar:

—Cuando todo este asunto termine... ¿te traerá consecuencias?

Alberto la miró de reojo y sus labios se curvaron levemente.

—¿Hasta ahora te preocupas por mí?

Miranda no respondió, solo volteó el rostro para mirar por la ventana.

El silencio en el auto se hizo aún más pesado, tan profundo que resultaba incómodo.

Unos segundos después, Alberto volvió a mirar al frente, y habló con un tono parejo:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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