Perspectiva de Ella
Por segunda vez aquella noche, el viento helado se abrió paso entre mi pelaje mientras corríamos por el bosque. Pero esta vez no trajo calma alguna; no logró aliviar mis nervios destrozados.
Al contrario, me ardían los ojos y los labios por el frío, como si aquella sensación reflejara lo que llevaba en el corazón después de haber huido de Alexander y dejarlo atrás en aquella habitación del hospital, confundido y furioso.
Lo único que podía hacer era rogar que no nos siguiera. Que Lilith y yo tuviéramos el tiempo suficiente para encontrar los artefactos y destruirlos.
Solo entonces podría contarle toda la verdad a Alexander.
La culpa me consumía por dentro, pero no tenía otra opción. No había forma de saber si los artefactos realmente se encontraban en el lugar que Margaret había marcado en su diario. Y mientras no tuviera la certeza de que podíamos encontrarlos y destruirlos, no podía arriesgarme a poner a Alexander en peligro.
Tal vez él nunca llegaría a entender mi decisión, pero al menos yo sabría que no lo había condenado a muerte, como había ocurrido con Liam.
Las lágrimas se acumularon en los ojos de mi loba, nublando mi visión mientras Lilith y yo atravesábamos el bosque a toda velocidad. El mapa nos llevaba hacia el territorio de Stormhollow, hacia la casa que ahora no era más que un montón de cenizas.
¿Era posible que los artefactos hubieran estado allí todo este tiempo, justo delante de nuestros ojos?, me pregunté. ¿Podía ser tan sencillo como regresar a las ruinas del lugar que alguna vez fue mi hogar?
Recordé cómo se veía la mansión la última vez que había estado allí. No quedaba nada salvo tierra quemada y vigas derrumbadas, con algunas brasas flotando todavía en el aire, como los últimos restos de una fogata que se negaba a apagarse.
No había nada.
Nada.
Pero ¿y si los artefactos seguían allí, enterrados bajo los escombros? ¿Y si había alguna forma de acceder a ellos, ocultos en algún lugar bajo aquella destrucción? Quizá en el sótano, protegidos bajo una capa de tierra que el fuego nunca alcanzó, pensé.
Apenas me atrevía a creer que fuera posible, pero aun así la esperanza comenzó a crecer dentro de mí, a pesar de todos mis intentos por mantenerla bajo control.
Pensar que aquella pesadilla podía estar tan cerca de terminar...

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