Perspectiva de Sophia y Ella
Perspectiva de Sophia
—Sophia, cariño, por favor...
—¡No me llames “cariño”! —Sophia agarró el jarrón de cerámica finamente tallado y lo lanzó contra la ventana.
El objeto se estrelló contra el cristal, que explotó en cientos de fragmentos brillantes.
Y ella observó la escena con una satisfacción oscura.
—¡Me prometiste que Alexander sería mío! ¡Me juraste que podrías conseguirlo!
Richard entró en la habitación con las manos levantadas, intentando calmarla.
—Cariño, todavía estamos trabajando en ello. Estas cosas llevan tiempo...
—¿Tiempo? —La voz de Sophia se elevó hasta volverse casi un chillido—. ¡Han pasado cinco malditos años! ¡Cinco años viéndolo con esa rata patética mientras ustedes dos se sientan aquí dándome promesas vacías!
Tomó una fotografía enmarcada.
Era una foto de ella y Alexander durante su graduación de secundaria.
De aquella época en la que él todavía sonreía.
Cuando todavía la miraba como si entre ellos pudiera existir algo más.
La lanzó con todas sus fuerzas.
El cristal se estrelló contra el marco de la puerta, a pocos centímetros de la cabeza de su padre.
—¡Sophia! —Margaret se llevó una mano al pecho, horrorizada—. ¡Podrías haber lastimado a tu padre!
—¡Mejor! Tal vez así por fin haría algo útil.
Sophia siempre había conseguido todo lo que quería.
Siempre.
Cuando quiso el papel principal en la obra escolar, sus padres hicieron una enorme donación al departamento de teatro para asegurarse de que nadie pudiera quitárselo.
Cuando quiso entrar en la universidad más prestigiosa, Richard hizo unas cuantas llamadas y, de repente, sus mediocres calificaciones dejaron de ser un problema.
Cada cumpleaños.
Cada Navidad.
Cada maldita ocasión.
Siempre recibía exactamente lo que quería: autos, teléfonos, ropa, computadoras, joyas...
Todo…todo excepto una cosa.
Alexander.
Él era lo único que sus padres nunca habían podido darle.
—La filtración sobre la marca de pareja debía destruir su matrimonio —dijo Sophia entre dientes, apretando los puños—. ¡Ese debía ser el golpe definitivo!
—Habría funcionado si no hubieran inventado esa absurda historia de la marca falsa —se defendió Richard rápidamente—. Nadie podía imaginar que serían capaces de descubrirlo...
—¡Cállate! —gritó Sophia—. ¡Cállate con tus excusas!
Respiraba agitada.
—¿Saben qué pasó hoy? ¿Saben cuál fue el resultado de su brillante plan?
Sus padres intercambiaron una mirada incómoda.
—Alexander me echó de su casa.
La voz de Sophia bajó, pero la furia seguía ardiendo en sus ojos.
—Otra vez.
Se quedó en silencio un instante, recordando la escena.
Recordando la risa de Ella.
—Mientras su preciosa esposa estaba ahí, riéndose de mí como si fuera una maldita broma.
El recuerdo hizo que sus mejillas ardieran.
—Se estaba riendo, papá. Riéndose de mí como si yo no fuera nada.
—Encontraremos otra solución —dijo Margaret con desesperación—. Tal vez si hablamos directamente con Alexander...

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