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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 696

Esmeralda llegó a Inversiones Gracia.

Al entrar a la oficina, todo parecía seguir igual que siempre.

—¡Esme, ya regresaste! —Paula la vio y se acercó a paso rápido.

—Sí —asintió Esmeralda—. Voy a buscar al Doctor Loyola primero.

—Órale, ve. En la noche nos vamos a cenar y nos ponemos al corriente —le dijo Paula.

—Va.

Llegó a la oficina de Gabriel, tocó la puerta y entró.

—Doctor Loyola.

Gabriel dejó a un lado el documento que tenía en las manos, levantó la vista, se puso de pie y le indicó:

—Toma asiento.

Esmeralda se acercó y se sentó en el sofá.

Gabriel tomó otra carpeta, caminó hacia ella y se la entregó.

—Dale una checada a esto.

Esmeralda la recibió. Le dio una ojeada rápida al contenido, escaneando las páginas por encima. Al terminar, levantó la mirada, sorprendida.

—¿Y esto?

—La sucursal de Nueva Concordia arranca operaciones formalmente este año —explicó Gabriel—. El gobierno de allá le está dando mucha prioridad a las líneas de investigación de Sky-High Tech, así que decidí aceptar la alianza con Enzo. Y bueno, mi plan es mandarte a Nueva Concordia para que te encargues del proyecto.

A principios de año, Inversiones Gracia había comenzado a expandirse hacia Nueva Concordia. Esa ciudad acababa de recibir un fuerte respaldo financiero por parte del estado, y las autoridades locales estaban metiendo mucha presión para atraer industrias de innovación. El plan de Inversiones Gracia para los próximos cinco años consistía en consolidar sus operaciones allá.

Escuchando a Gabriel, a Esmeralda no le sorprendió demasiado. En el fondo, entendía perfecto las intenciones que él tenía; sabía que no iba a correrla solo por los chismes.

Mandarla lejos de San Pedro mataba dos pájaros de un tiro: por un lado, le daba libertad para hacer su trabajo en paz, y por otro, ante los ojos de los demás, parecía que la estaban relegando, lo que serviría para calmar los ánimos de la junta directiva de la empresa.

Una vez concluido el tema laboral, Esmeralda se preparó para levantarse e irse, pero Gabriel la detuvo con una pregunta:

—Esme, ¿cómo están las cosas entre tú y David ahorita?

A simple vista, parecía que el escándalo no le había afectado tanto anímicamente.

Al escuchar su nombre, Esmeralda se paralizó. Forzó una media sonrisa y, con un tono cargado de impotencia, confesó:

—La verdad es que nunca he tenido voz ni voto en lo nuestro, desde el principio hasta el final —soltó un suspiro y bajó la mirada—. Para ser sincera, ya ni siquiera sé qué hacer. David no deja de presionarme para que yo ceda, y si llego a doblar las manos, me da miedo que se aproveche aún más. Como sea, irme a Nueva Concordia me viene bien; necesito estar a solas y pensar las cosas.

Gabriel asintió levemente.

—Mientras tú lo tengas claro, con eso basta.

Él sabía perfectamente que lo único que ataba a Esmeralda era Isa; la amaba demasiado. Durante los cinco años que estuvieron separadas, desde el embarazo, ella se la pasaba llorando mientras veía las fotos de la niña. Isa se había convertido en su mayor motor, y ahora que la tenía a su lado y viendo cuánto la adoraba la pequeña, esa dependencia emocional no iba a hacer más que crecer.

Para colmo, David se la pasaba derrochando dinero para demostrarle sus buenas intenciones, y frente a algo así, a cualquier mujer le costaría mantener la cabeza fría.

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