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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 620

—¡Mami!

David bajó del coche sosteniendo a Isa de la mano, y juntos caminaron hacia donde estaban Esmeralda y Santiago.

—¡Tío Santi, feliz año! —saludó la niña.

Santiago se puso en cuclillas para quedar a la altura de Isa.

—Feliz año para ti también, Isa. —Mientras hablaba, le extendió un pequeño regalo—. Deseo que mi niña hermosa sea muy feliz en este nuevo año.

Isa tomó el obsequio con ambas manitas.

—Gracias, tío. —De inmediato, se acercó a plantarle un enorme beso en la mejilla.

Santiago le dio un cariñoso pellizco en la carita.

—Isa, tómale la mano a mamá y vamos para adentro —ordenó David.

La niña extendió su bracito para agarrarse de su mamá.

—Mami.

Esmeralda volteó hacia Santiago.

—Entremos, entonces.

Santiago asintió con un simple "sí".

Isa también estiró su otra mano para tomar la de su papá, que se la envolvió por completo con su enorme palma. Así, aferrada a las manos de ambos, la pequeña fue entrando a brincos.

Santiago caminaba detrás de ellos y, al observar esa escena familiar por la espalda, su mirada se fue apagando poco a poco y disminuyó sus pasos.

Rafael Mondragón salió a recibirlos y cruzaron cordiales saludos. Al instante, se percató de Santiago rezagado en el fondo; vio cómo él no le quitaba la mirada de encima a Esmeralda y que su semblante estaba cubierto por un gran rastro de melancolía.

—Santi.

Santiago ocultó sus emociones con gran agilidad y le contestó:

—Primo.

Rafael le dio unas palmaditas en el hombro y bromeó:

—Tú sí eres todo un hombre de negocios, a ti nunca se te ve el pelo por acá.

—Es que la carga de trabajo sí ha estado pesada este año.

Después de charlar trivialidades, el grupo entero pasó a la sala.

Doña Antonella estaba de guardia en el hospital acompañando a don Óscar.

Camila regresó a la casa con su familia; Jorge y Marisa se fueron con la familia Guzmán; así que le tocó a David ir con la familia Mondragón a hacer acto de presencia.

Había gran cantidad de invitados en la sala; el bullicio no se detenía.

Don Ezequiel aprovechó para preguntarle a Esmeralda sobre la salud de Gabriel.

—Mi jefe se está recuperando de maravilla, en cuestión de un par de meses estará como si nada. Puede estar tranquilo, don Ezequiel —respondió ella.

Una vez cansado, Santiago prefirió irse a sentar para recobrar el aire. Rafael se aproximó a él tendiéndole una botella con agua.

Santiago la recibió en sus manos.

—Gracias.

Rafael jaló una silla que estaba junto a él y se sentó para preguntarle de golpe:

—Me contaron que hoy tu tía andaba averiguando cosas y que quiere acomodarte con alguien. Digo, ya no eres un crío, tal vez va siendo el momento de considerarlo.

Santiago viró el rostro hacia Rafael y emitió una leve carcajada.

—¿A poco la maña de andar presionando a uno para que se case se activa de forma predeterminada cuando se cumplen años?

Rafael replicó riendo con franqueza.

—¡Ah, si nomás se preocupan por uno!

—Con lo pesado que está el negocio, dime de dónde saco tiempo para mortificarme por esas cosas.

—¿De verdad te la crees que es por falta de tiempo o será que en el fondo ya existe alguna ocupante en tus pensamientos?

Al oír semejante pregunta, Santiago apartó el rostro sin emitir una sola palabra.

Rafael adquirió un porte mucho más serio.

—Santi, sería bueno que agarraras la onda: algunas personas terminan yéndose, y la oportunidad se pierde. Hay que soltar, ¿sí me entiendes? No estás solo, tienes el peso y el compromiso de todo lo que significa tu familia; toma eso en consideración.

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