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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 619

—Mañana por la mañana vamos a hacerle una visita a la familia Mondragón —dijo David—, y por la tarde voy a llevar a Isa al parque de diversiones. Te aviso para evitar tener que dar una vuelta extra mañana en la mañana y pasar a recogerte.

—Mañana temprano manejo directo a casa de los Mondragón —respondió Esmeralda—. Ya es noche y tampoco quiero hacerte dar más vueltas.

David no forzó más el tema.

—Me parece bien. Entonces, que descanses temprano.

Acto seguido, David arrancó su vehículo y se marchó.

Esa noche, Esmeralda se quedó viendo el documental de Isa hasta que aparecieron las partes de Bahía Dorada. Se notaba perfectamente que a lo largo de esos cinco años a la niña la habían criado entre algodones.

Cuánto anhelaba que Isa siguiera creciendo así, sin la menor de las preocupaciones.

Esa misma madrugada, de repente tuvo una pesadilla espantosa. Soñaba que Isa lloraba a mares gritando por su mami, y David la sostenía en brazos, observando a Esmeralda de forma fría y despiadada. Ella trataba con desesperación de acercarse a abrazar a la niña, pero sus manos no lograban alcanzarla, y el hombre le daba la espalda llevándosela lejos.

Despertó sobresaltada, y aún sentía el dolor punzante en el pecho. Fue tan realista que se quedó pasmada durante largo rato; se echó de nuevo en la cama, pero no pudo volver a cerrar los ojos en toda la noche.

Cuando amaneció y se levantó, tenía los ojos completamente hinchados. Tras arreglarse, se aplicó pomada desinflamante y se puso bastante maquillaje para esconder el rostro demacrado.

Hoy Valentina iba a visitar a su familia materna, así que Álvaro manejaría para llevarla junto con Manolo, y el plan era quedarse allá un par de días.

El trayecto era bastante largo, por lo que saldrían a las siete de la mañana para no perderse la hora de la comida.

Valentina sabía que Esmeralda querría quedarse con Isa, por eso ni siquiera le comentó el día anterior si se quería sumar a su viaje.

Terminaron de meter las cosas necesarias, dejando la cajuela llena a tope.

—Esme, estaremos de regreso en unos cinco días. Cuídate mucho este fin de semana, por favor —le recomendó Valentina.

—No se apure, mamá, yo me cuido.

Esmeralda se acercó a despedirlos.

—Hermano, maneja con precaución.

—Así lo haré. Cuídate mucho tú también; si se ofrece algo, me echas una llamada.

—Va.

Se quedó ahí viéndolos alejarse en el coche.

Luego, Esmeralda regresó a la casa y calculó la hora para marcarle a Isa.

—Mami —contestó la niña con voz de que recién la despertaban.

—¿Ya amaneciste, mi amor?

—Mjm. Papi me está poniendo la ropa. Mami, ¿por qué no llegaste a dormir ayer?

—Mami andaba un poco cansada anoche, así que descansé acá —explicó Esmeralda de manera dulce—. Pero nos vemos más tarde con la familia Mondragón.

—¡Sí!

Aunque estaba maquillada y su tez no delataba diferencias mayores, bastaba mirarla a los ojos para notar un evidente rastro de fatiga.

—Me desvelé un poco viendo la televisión —dijo ella.

—¿Y qué andabas viendo que te dejó tan enganchada?

—Aunque te lo cuente, ni siquiera te va a interesar.

—¿Cómo estás segura de que no me interesaría si no me dices?

Esmeralda terminó explicándole acerca del video documental que estaba viendo.

—Y con todo el desgaste de este año, ¿todavía no escoges adónde vas a salir a despejarte? —cambió de tema ella.

—Sigo sin planear nada. Había pensado llevarme a Álvaro, pero a estas alturas seguro Abril ya apartó todas las fechas libres que tiene. Ni modo, ¿verdad que tu hermano es de los que cambian a sus amigos por andar quedando bien con la novia?

Al oír su queja en broma, Esmeralda sonrió y se le iluminó la expresión de la cara con una suavidad hermosa.

Una brisa ligera alborotó un mechón de cabello junto a su sien; el sol le daba en el rostro y la hacía ver sumamente radiante.

Santiago se quedó apreciando de manera tierna a la mujer que tenía enfrente, sin embargo, detrás de esa calidez se ahogaba también el sabor amargo de saberla inalcanzable.

Aun sabiendo que no tenía apenas opciones, ¿cómo iba a estar dispuesto a rendirse hasta que ya todo acabara?

En ese instante, un Rolls-Royce se detuvo de manera pausada y abrió una de las puertas.

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