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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 617

—Ustedes vayan a divertirse; a mí me cae bien un rato de tranquilidad en la casa —les dijo Gabriel.

Ahora ya podía caminar con normalidad, pero aún no debía hacer esfuerzos físicos intensos; seguía necesitando reposo.

Esmeralda estaba pensando en cómo avisarle a Isa, cuando recibió una llamada de la niña.

Resultaba que hoy iba a jugar a la casa de campo con sus primos.

—Hoy papá se va a quedar conmigo, mami. ¿Cenamos todos juntos en la noche, sí?

A Esmeralda no le sorprendió que Isa no fuera a buscarla. La familia Montes siempre había cuidado mucho su reputación, en especial doña Antonella. Sus estándares exigían que las esposas de la familia no solo apoyaran a sus maridos, sino que también mantuvieran una imagen intachable.

Después del incidente de la familia Lozano, era obvio que los Montes le guardaban aún más resentimiento.

Seguramente, en el fondo, ninguno de ellos quería que ella tuviera mucho contacto con Isa. Lo más probable es que solo desearan que David y ella firmaran el divorcio lo antes posible.

Esmeralda asintió a la propuesta de Isa, se despidió y colgó. Acto seguido, llamó a David:

—Ya tengo planes para hoy, no hace falta que vengas a buscarme.

David no puso objeciones.

—¡Está bien! Paso por ti en la noche entonces.

Poco después, Esmeralda, Álvaro y Abril se despidieron de Gabriel y Azucena, y salieron del departamento.

Tras su partida, la casa se quedó en calma.

Azucena se sentó en el sofá y le comentó a Gabriel:

—Ese muchacho, Álvaro, no tiene ni punto de comparación con alguien como Marcos. Se ve que es un buen hombre.

Gabriel sonrió ligeramente.

—Mamá, nomás no seas tan obvia; no lo vayas a asustar.

Visto así, lo único que le quedaba era aguardar el momento adecuado.

***

David le marcó a Enzo.

Él estaba solo en casa viendo la televisión cuando David lo invitó a la pista de carreras.

—Parece que hoy no tienes mucho que hacer —comentó Enzo.

—La verdad es que no. Te veo en el lugar de siempre.

Enzo llegó a la pista de carreras.

David ya lo estaba esperando en el estacionamiento. Enzo se acercó y le preguntó:

—¿Y dónde están Isa y Esme?

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