Esmeralda escuchó la explicación del hombre, retiró la mirada y se quedó en silencio sin responder.
—En cuanto a que fueras a bailar a ese tipo de lugares la otra noche, la verdad es que sí me enojó bastante —agregó él.
Esmeralda siguió sin decir nada.
Poco a poco, la sala se quedó en silencio; solo se escuchaba el sonido de un programa de televisión.
No supo cuánto tiempo pasó.
Finalmente, Esmeralda se levantó y subió las escaleras.
***
A la mañana siguiente.
Esmeralda se levantó muy temprano para vestir a Isa con ropa nueva; era un diseño de traje tradicional mexicano casi idéntico al que había usado la noche anterior. La niñera le recogió el cabello y le puso un adorno tradicional hecho a la medida. Parecía toda una princesita.
Esmeralda no pudo evitar tomarle un par de fotos; se veía preciosa y muy tierna.
Salieron de la habitación.
Al ver a su papá, Isa gritó feliz:
—¡Papi, buenos días!
David se acercó y la levantó en brazos.
—Hoy pareces una princesa, Isa.
Isa sacudió su cabecita y dijo:
—Isa siempre es una princesa, y cuando crezca, seré una reina.
—¿Y ahora quién es la reina? —preguntó David.
—¡Mi mami! Mi mami es la reina y tú eres el guardaespaldas.
—¿Y por qué soy el guardaespaldas?
—Porque tienes que protegernos a mami y a mí, obvio eres el guardaespaldas.
—Está bien, soy el guardaespaldas.
David miró a su hija con adoración y, sin perder esa ternura en los ojos, volteó a ver a Esmeralda. Sin embargo, ella solo le dedicó una mirada fría y totalmente inexpresiva.
***
Después del desayuno.
David tenía que llevar a Isa al hospital. Al fin y al cabo, eran días festivos y don Óscar seguía internado; hoy toda la familia Montes iría a visitarlo.
Isa quería que Esmeralda los acompañara.
Durante las festividades, las calles estaban inusualmente despejadas.
Media hora después, el coche llegó a Lomas de San Jorge.
Subieron al departamento.
Azucena los recibió muy amable al verlos llegar con tantos regalos. Era la primera vez que veía a Álvaro, y le pareció un muchacho de muy buena presencia; su actitud humilde y educada transmitía mucha confianza. A simple vista, se notaba que era un buen hombre, atento y considerado.
Azucena no pudo evitar quedársele viendo fijamente.
—¡Ay, mamá, no te le quedes viendo así! —le advirtió Abril.
Álvaro solo sonrió de manera amable.
Azucena reaccionó y dijo con una sonrisa:
—Es que el muchacho está muy guapo, no pude evitarlo. No me lo tomes a mal, Álvaro.
—No se preocupe —respondió él.
Lidia había cenado en casa la noche anterior, pero después su papá, Marcos, se la llevó.
Lidia quería pasar las fiestas con sus papás juntos, pero Abril no había accedido a esa petición. Así que, cuando la niña se fue anoche, andaba haciendo un poco de berrinche.
Por su parte, Gabriel no iba a salir con ellos hoy por cuestiones de salud.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...