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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1173

David soltó una carcajada.

—Si no aprovechas ahora, cuando quieras hacerlo más adelante no te dejaré.

La voz de Esmeralda sonó ahogada debajo de la cobija.

—¿Quién dijo que quiero hacerlo?

David se inclinó hacia ella y la abrazó por encima de las sábanas.

—¿De verdad no quieres?

Esmeralda levantó un pie e intentó patearlo hacia atrás.

David le sujetó la pierna.

—No te muevas tanto, ten cuidado con nuestro hijo.

Esmeralda se quedó quieta.

—Entonces suéltame.

—¿Vas a tocar o no? —insistió David.

Esmeralda volteó para fulminarlo con la mirada.

—David, ¿acaso eres un pervertido?

La luz cálida del techo iluminaba al hombre, dándole a sus facciones un tono anaranjado suave, como si todo el mundo se hubiera reducido a ese resplandor, mezclado con la sutil pero fría fragancia que siempre lo acompañaba. Él curvó los labios y respondió con una voz profunda y magnética.

—Tal vez un poco.

Esmeralda lo miró fijamente.

Sus miradas se cruzaron.

El ambiente se volvió repentinamente silencioso.

La mirada de David bajó hasta posarse en los suaves labios rosados de la mujer, que estaban ligeramente entreabiertos.

Esmeralda vio cómo el hombre se inclinaba lentamente hacia ella, sin darle oportunidad de escapar.

En ese instante.

Se escuchó el sonido de la manija de la puerta al abrirse.

Justo cuando estaba a punto de rozar los labios de la mujer, David se detuvo de golpe. Al voltear, vio una cabecita asomándose en la habitación.

—Papá, mamá.

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