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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 385

—¿Qué pasa? —Kiara levantó la mirada y lo observó.

Al ver que Aarón escupía la carne en un rincón de la explanada, ella frunció el ceño apenas un instante.

Aarón tenía el semblante tenso, y hasta un poco avergonzado—. Está... está demasiado grasosa, me dio náusea.

Algunos de los trabajadores que estaban comiendo cerca voltearon al escucharlo, con ojos llenos de curiosidad.

¿Con lo duro que estaba el menú de hoy, todavía se ponía exigente?

Aarón se sintió aún más incómodo bajo esas miradas, apretó el tenedor con fuerza.

—Je... es que... no me gusta la carne de cerdo —aventó, bajando la voz.

Leandro, que acababa de sonreír con ganas, de pronto se quedó con una expresión derrotada.

Lo fulminó con la mirada, inflando las mejillas de coraje, grabándose la cara de Aarón en la memoria.

¿Así que se atrevía a despreciar su comida?

Que ni se le ocurriera volver a pedirle de comer, porque la próxima vez seguro el cucharón le iba a temblar.

Kiara no le dio más vueltas, ya sabía que él era de paladar complicado y no tenía sentido forzarlo.

Tomó un camarón pequeño de su propio tupper y se lo acercó—. Prueba este, ¿quieres? Este está más suavecito, lo freí bien crujiente.

Aarón dudó un segundo viendo el camarón diminuto, pero igual lo aceptó y se lo llevó a la boca.

La cáscara estaba crocante.

Casi no tenía carne, lo masticó sin mucho interés y lo tragó, aunque la garganta se le apretaba.

—Si de verdad no puedes, no te obligues —dijo Kiara, notando su incomodidad. Sacó una barra de chocolate del bolsillo lateral de su mochila—. ¿Quieres? Te puede ayudar un poco. Todavía tengo algunas galletas.

Aarón aceptó el chocolate; el ruido del envoltorio sonó demasiado fuerte en medio del silencio de la explanada.

Desenvolvió y mordió un pedacito. El dulzor pegajoso alcanzó a calmarle el malestar.

En todos sus años, nunca le había costado tanto una simple comida.

—¿Aquí siempre comen así? —preguntó, la voz medio apagada.

—Más o menos —contestó Kiara, llevándose arroz a la boca—. Si de plano no aguantas, todavía puedes irte, es temprano y llegas a la ciudad antes de que oscurezca.

Aarón alzó la cabeza de inmediato, con una terquedad que se le notaba en los ojos.

—¿Quién dijo que no puedo? Solo... todavía no me acostumbro, eso es todo.

Empujó el resto del chocolate en la boca y masculló—. Déjame descansar tantito y ahorita como más, de verdad que sí.

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