Sin poder evitarlo, se acercó y la abrazó con ternura, como si quisiera protegerla del mundo.
—¿Por qué te maltratas de esta manera? Mira nada más, ya pareces una florcita de pueblo.
Kiara se quedó tiesa en sus brazos. De inmediato, su nariz se llenó con el aroma de tierra húmeda y agujas de pino, mezclado con el sutil perfume de su loción.
—Eh… ¿cómo supiste que estaba aquí?
—No te muevas.
La voz de Aarón retumbó sobre su cabeza, con un leve temblor apenas perceptible.
—Déjame abrazarte un rato, solo un ratito.
El viento de la montaña les traía, a lo lejos, las risas y pláticas del resto del equipo.
Kiara, de pronto, dejó de resistirse. Se quedó quieta.
La tierra pegada en su chaqueta de trabajo manchó la camisa de él, dejando marcas claras.
Aarón la apretó todavía más fuerte, sin querer soltarla ni un segundo.
—Tú…
Por fin recuperó la voz, aunque sonó ronca y reseca, como si el viento le hubiera raspado la garganta.
—¿Cómo supiste que estaba aquí?
Aarón la soltó lentamente, pero aún dejó los dedos en su hombro, como si temiera que ella fuera a escapar.
Bajó la mirada y se fijó en las uñas de Kiara, cubiertas de tierra, con una expresión de preocupación imposible de ocultar.
—Cuando quiero encontrarte, siempre encuentro la manera.
Kiara sintió cómo se le apretaba el pecho. Sus ojos se tiñeron de un rojo aún más intenso.
Pasaron unos segundos en silencio.
—¿Ya sanó tu pierna?
—Por supuesto.
Kiara miró de reojo su peinado y soltó una pequeña risa.
—Te volviste a pintar el cabello de negro.
Aarón se tocó el cabello con cierta timidez y sonrió, un poco avergonzado.
—Tú me dijiste que ese color no me quedaba, ¿recuerdas?
—Así que me lo rapé todo, y esto es lo que ha crecido desde entonces.
—Oh… —Kiara apenas esbozó una sonrisa y se quedó callada de nuevo.
Aarón preguntó:
—¿Y entonces? ¿Cuánto tiempo más vas a quedarte por aquí?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Sangre No Miente, Pero Él Sí