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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 347

El corazón de Kiara latía con fuerza, como si el pecho le pesara más con cada segundo.

Luchó por controlar el torbellino de emociones que la invadía y, con manos temblorosas, buscó el informe médico de Vicente del hospital infantil.

Leyó una y otra vez, intentando comprender cada palabra.

Pero no era doctora. Los términos médicos se le enredaban —muchos ni siquiera los entendía— y, por más que se esforzaba, todo resultaba confuso.

—Cecilia, voy a salir un momento. Cancela todo lo que tengamos planeado para la tarde.

Cecilia la miró, completamente sorprendida.

—Señorita Kiara, ¿a dónde va usted?

Pero Kiara ya había cruzado la puerta de la oficina, sin detenerse.

En cuanto pudo, contactó al médico privado de la familia Rodas, el doctor Cabrera.

Él la había visto crecer, llevaba más de treinta años ejerciendo y siempre había cuidado de la salud de la familia.

...

A las cuatro de la tarde, Kiara llegó personalmente a la casa del doctor Cabrera.

—Señorita Kiara, ¿por qué vino usted en persona? Si no se siente bien, solo tenía que llamarme y yo iba con gusto.

Kiara no estaba para rodeos. Directa, le entregó los papeles de Vicente.

—Doctor Cabrera, ayúdeme a revisar esto. Son los resultados de Vicente. El pediatra del hospital dijo que tiene leucemia linfoblástica aguda. Por favor, dígame si nota algo raro...

El doctor Cabrera tomó los documentos y, acomodándose los lentes, revisó con calma cada hoja.

Miró los datos de los análisis, las recetas, los registros. Lo hizo con una lentitud casi desesperante.

Pasaron varios minutos en silencio.

Poco a poco, el doctor Cabrera frunció el ceño. Cuando llegó al informe final de la punción de médula, soltó una exclamación.

—A ver... —dijo, señalando con el dedo un valor en la hoja—. Esta proporción de células inmaduras no cuadra.

El corazón de Kiara se detuvo un instante.

—¿Qué significa eso?

—En los pacientes con leucemia linfoblástica aguda, la proporción de linfoblastos y células inmaduras en la sangre debe ser de al menos un veinte por ciento.

—Pero aquí apenas marca un tres por ciento. Y hay otras cifras clave que tampoco encajan.

El doctor Cabrera la miró con seriedad. Sus palabras pesaban.

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