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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 346

—Dionisio, sí que te las ingeniaste, ¿eh? Con tal de quedarte con tu hijo y el de ella, no te importó inventar una mentira para engañarme.

—Kiara… ¿De verdad está en la ignorancia? ¿O acaso se puso de acuerdo con Dionisio para verme la cara?

Le daba vueltas una y otra vez en la cabeza, imaginando todos los escenarios posibles. Pero entre más pensaba, más se le enredaban las ideas.

—Ya basta, no importa si ella sabe o no sabe, yo no voy a dejar que tenga el hijo de Dionisio.

—¿Y qué si él ya no me quiere? Sigue siendo mi pareja, y no voy a dejar que nadie me lo quite.

—Kiara, no te voy a dejar arrebatarme a Dionisio.

Durante una hora estuvo dando vueltas por el circuito de la ciudad, recorriendo la avenida principal sin rumbo fijo.

Al final, terminó yendo directo al Mercado de Arte Precolombino.

...

Mercado de Arte Precolombino.

Kiara estaba supervisando el inventario general y la auditoría anual junto con los empleados y los directivos de la empresa.

—Señorita Kiara, afuera está una señora de nombre Daniela. Quiere verla.

Kiara levantó la mirada, sorprendida.

—¿Daniela? ¿Y a qué viene?

—No lo sé, ¿quiere que la haga pasar, señorita?

Kiara se quedó pensando unos segundos. Sabía bien que la visita no era buena señal, pero aun así, sentía curiosidad por verla.

Quería saber qué juego traía ahora Daniela.

—Pásala.

—Enseguida.

Unos minutos después, la recepcionista entró acompañando a Daniela hasta la oficina de Kiara.

—Daniela, ¿qué se te ofrece?

Daniela se puso de pie, saliendo despacio de la silla de ruedas, y miró a Kiara con una sonrisa intrigante.

—Vine a verte. Y, ya de paso… a platicar un poco sobre Vicente.

Kiara arrugó la frente.

—Entre tú y yo no hay nada que platicar.

—¿Ah, sí? —Daniela dejó escapar una sonrisa torcida, cargada de burla.

Luego recorrió con la mirada la oficina, y soltó un comentario que sonó sincero, pero traía veneno escondido.

—Qué bárbara, señorita Kiara, eres toda una empresaria de primera.

—Con tanto éxito, seguro ya tienes una buena fortuna guardada, ¿no?

Kiara frunció el ceño, incómoda.

—¿A qué vienes, Daniela? Habla claro.

Daniela se rio por lo bajo, sin molestarse en disimular el sarcasmo.

—No te confundas, no vengo con malas intenciones. Al contrario, estoy aquí para felicitarte.

—Mientras más exitosa seas, más cómodo va a vivir mi hijo.

El comentario le cayó como un balde de agua helada a Kiara. Tragó saliva, sintiéndose inquieta.

—¿Qué quieres decir con eso, Daniela?

—Nada importante —respondió Daniela, recostándose de nuevo en la silla y fijando la mirada en el vientre de Kiara.

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