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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 89

Mila Quiroz regresó a su habitación y empacó su ropa y artículos personales con movimientos ágiles.

No llevaba muchas cosas, solo cabían en una pequeña maleta de mano.

Si no fuera por el contrato que la ataba a Nuno Páez, de verdad que no querría irse tan pronto de la mansión Quiroz. Después de todo, el espectáculo apenas estaba comenzando.

Tras dejar todo listo, Mila no se apresuró a salir; en lugar de eso, abrió su laptop.

Como aún era temprano, abrió su programa de diseño y, deslizando los dedos sobre el panel táctil, empezó a trabajar en los bocetos para la nueva colección de Joyería Centella.

En cuestión de minutos, los primeros borradores ya habían tomado forma.

Incorporó sutilmente elementos de deconstrucción moderna, logrando que las joyas mantuvieran un aire clásico mientras proyectaban una vibra vanguardista que robaba el aliento.

Hace cuatro años, ella no sabía absolutamente nada sobre diseño.

Pero hoy, cuatro años después, era la diseñadora de talla internacional conocida como "Star".

Nadie se imaginaría jamás que este misterioso genio del diseño había sido forjado dentro de los muros del infame Penal 01.

El Penal 01 era una jaula para criminales, pero también el punto de encuentro de los talentos más oscuros y brillantes del mundo.

Para cualquier persona normal, ese lugar era un infierno en la tierra, pero para Mila Quiroz, fue el crisol donde renació de sus cenizas.

Fue Elena quien encendió la chispa en su interior, enseñándole a sobrevivir y a imponerse, y fue ella quien le presentó a sus maestros, forjándola como un arma invencible.

¡Toc, toc!

Un golpe en la puerta sacó a Mila de sus pensamientos.

—Señorita Mila, la señora ya terminó con los trámites. Necesita su firma para confirmar —se escuchó la monótona voz de Antonio desde el pasillo.

Mila alzó una ceja.

—Qué rápidos.

Se levantó de la silla y salió de inmediato.

Poco después de que Mila saliera, una figura se acercó sigilosamente a la puerta de la habitación. Era Luna Quiroz.

Había ido a hacerse la víctima y pedirle perdón a Mila para mantenerla tranquila hasta que Felipe regresara.

—Mila... vine a pedirte disculpas —dijo Luna, preparando su mejor cara de arrepentimiento—. Sé que me equivoqué y te juro que no volveré a meterme contigo. Por favor, perdóname.

Esperó un buen rato, pero no hubo respuesta desde adentro.

—¿Hermana?

Luna tocó la puerta con suavidad y, para su sorpresa, estaba entreabierta. Se abrió al instante.

¿No estaba?

Luna dudó por un segundo, pero un brillo de curiosidad cruzó por sus ojos y entró en la habitación.

Quería ver en qué había convertido el cuarto que alguna vez fue suyo.

Luna: «Felipe, te vi tan estresado por los diseños que hice unos bocetos rápidos, no sé si te sirvan de inspiración.»

Felipe: «¡¿Los hiciste rápido?! Luna, ¡eres una genio! ¡Estas ideas son absolutamente brillantes! Con estos borradores, estoy cien por ciento seguro de que conseguiré la colaboración con MK. ¡No necesitaré tres días, mañana mismo estaré de regreso!»

Luna: «Felipe, me alegra mucho poder ayudarte.»

Al guardar el celular, Luna escuchó pasos acercándose desde el pasillo.

Con el corazón acelerado, salió de puntillas de la habitación. Justo al llegar a las escaleras, se topó de frente con Mila, que venía de regreso.

—Hermana...

—Luna Quiroz, parece que no solo eres mala, sino que también tienes pésima memoria —Mila entrecerró los ojos, desprendiendo un aura gélida y amenazante—. Te dije que no tengo ninguna hermana. Si me vuelves a llamar así, no dudaré en darte una bofetada para que no lo olvides.

Luna se estremeció. Bajó la mirada, ocultando el veneno en sus ojos.

—Señorita Mila, lo siento, ya me quedó claro.

Apenas terminó de hablar, notó de reojo que Blanca Quiroz caminaba hacia ellas por el pasillo.

Un brillo fugaz iluminó los ojos de Luna y, con un movimiento rápido, fingió intentar agarrar la manga de Mila.

Mila, con reflejos perfectos, dio un paso a un lado para esquivarla.

Aprovechando el momento, Luna apretó los dientes y se tiró hacia atrás de manera exagerada. ¡Como si fuera una muñeca de trapo, rodó aparatosamente por las escaleras desde el segundo piso!

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