—Lo que queda para los otros tres será en su momento —Mila guardó el Acta de Desvinculación firmada por ambos, con voz monótona.
—¡¿Ahora sí vas a retirar los cargos?! —masculló Blanca entre dientes.
Mila levantó dos dedos con total tranquilidad.
—Segundo: esta mansión. Hace tiempo que la pusieron a nombre de Luna, ¿verdad? Ahora, quiero que me la transfieran a mí.
Blanca y Ariel se quedaron paralizados.
—Tú... ¡¿además quieres la casa?! —exclamó Ariel, sin poder creerlo.
—¿Por qué no? —Mila sonrió con frialdad, paseando la mirada por Luna—. Si se la pudieron dar a ella, ¿por qué yo, la verdadera hija de esta familia, no puedo tenerla?
Se giró nuevamente hacia los oficiales, con un tono calmado pero con un peso aplastante.
—Oficiales, desde su punto de vista, ¿les parece un exceso que yo recupere algo que por derecho me pertenece?
Los dos policías intercambiaron una mirada cómplice. Por protocolo no debían opinar sobre problemas familiares, pero la descarada preferencia de esta familia por la hija adoptiva y los maltratos hacia la hija biológica les daban asco. El robo de las joyas era un hecho comprobado, así que exigir la propiedad que le había sido arrebatada era completamente justo.
—Mientras todo esté dentro del marco legal, no nos parece un exceso —respondió uno de los oficiales con voz firme.
Mila curvó los labios en una sonrisa triunfal y clavó su mirada afilada en Blanca.
—Entonces, ¿me la dan o no?
Blanca y Ariel estaban lívidos, imaginándose ya la humillación de ser echados a la calle.
—Mamá, Ariel... lo siento mucho, todo esto es mi culpa... —sollozó Luna en el momento perfecto, con los ojos llenos de lágrimas.
Al verla así, el corazón de Blanca y Ariel se ablandó al instante. La lástima por Luna pudo más que cualquier otra cosa.
—...¡Está bien! ¡Quédate con la casa! —escupió Blanca entre dientes.
Mila enarcó una ceja, satisfecha, y se dirigió a los policías:
—Muchas gracias por su tiempo, oficiales. Retiro los cargos.
Los policías suspiraron. Antes de irse, no pudieron evitar dar un consejo:
—Señorita, lo ideal es llevar la fiesta en paz. Al fin y al cabo, son familia...
Pero antes de terminar la frase, al toparse con la mirada profunda y sin emociones de Mila, se dieron cuenta de que sus palabras no servían de nada, así que simplemente negaron con la cabeza y se retiraron.
—¡Luna, vámonos!
—Señora Quiroz, los trámites de traspaso... —la voz de Mila resonó a sus espaldas—. No los olvide.
Blanca la fulminó con la mirada y, sosteniendo a una Luna que seguía lloriqueando, se marchó apresuradamente, luciendo completamente derrotada.
Ariel se quedó clavado en el piso, mirando a Mila. Quiso decir algo, pero al final solo soltó un grito sordo:
—¡Mila Quiroz! ¡Tarde o temprano te vas a arrepentir!
—¡Hmpf! Esa infeliz solo se atreve a hacer un escándalo porque tiene el respaldo del abuelo y el contrato de matrimonio con Don Nuno —gruñó Blanca con odio—. Te apuesto lo que quieras a que solo está fanfarroneando. ¡En un par de días va a regresar llorando para suplicarnos perdón!
—¡Mamá! —la interrumpió Ariel, con el ceño fruncido—. Siento que... ¡Mila de verdad hablaba en serio esta vez!
—¿En serio? —Blanca se burló—. ¿Ya olvidaste cómo llegó a esta casa, mendigando atención como un perro callejero? En el fondo es una pobre muerta de hambre que necesita amor. Sin sus verdaderos padres, ¡no es nadie! ¿Cortar lazos? ¡No tiene el valor para hacerlo!
Ariel abrió la boca para responder, pero al recordar la mirada gélida de Mila, no dijo nada más.
Blanca se volvió hacia Luna, con un brillo astuto en los ojos.
—Luna, no te preocupes. Lo único que le da poder a Mila son esas dos cosas. Si logras ganarte el respeto del abuelo, ¡ella dejará de ser una amenaza! —miró a Ariel—. Hijo, piensa rápido. ¿Cómo podemos hacer que Luna gane méritos lo antes posible?
Ariel frunció el ceño, pensativo, y después de unos segundos, sus ojos se iluminaron.
—¡Ya sé! Hoy hablé con Santiago Centeno, me dijo que están buscando médicos especialistas por todos lados.
—¿La familia Centeno? ¿Santiago? —Blanca se animó al instante.
—¡Sí! Resulta que el patriarca Centeno está muy grave, y están dispuestos a pagar fortunas para encontrar a alguien que pueda curarlo —Ariel bajó la voz, emocionado—. Si logramos encontrar a ese legendario "Doctor Azul", curamos al anciano y le damos el crédito de todo a Luna... ¡El abuelo Quiroz la verá con otros ojos si tiene el respaldo de los Centeno!
Los ojos de Blanca brillaron con intensidad.
¡La familia Centeno era una de las más poderosas de Valle Plateado, incluso superior a la familia Quiroz en ciertos aspectos!
Si Luna lograba ganarse el favor de los Centeno, aunque no tuviera la sangre Quiroz, podría pararse con la frente en alto frente al abuelo y... ¡reemplazar a Mila para siempre!

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