¡Toc, toc!
Un inoportuno golpe en la puerta rompió el silencio.
—¿Quién es? —preguntó Mónica frunciendo el ceño, con un tono de evidente molestia. Era raro tener un momento a solas con su hermana, ¿quién era tan inoportuno?
—Señorita Mónica, soy Lorena, del departamento de diseño. Vengo a entregar los bocetos de la nueva temporada.
Al escuchar que era trabajo, Mónica miró instintivamente a Mila.
—Ve a atender tus asuntos, tendremos mucho tiempo para nosotras más adelante —dijo Mila con voz comprensiva.
—¡De acuerdo! —respondió Mónica. Al ponerse de pie, su aura cambió por completo, transformándose en un instante en la implacable y dominante directora ejecutiva—. Adelante.
Lorena, la jefa del departamento de diseño, entró con cuidado sosteniendo varios bocetos. De reojo, notó a Mila sentada en el sofá y se sorprendió en silencio. *¿Quién es esta mujer y cómo es que tiene permitido estar tanto tiempo en la oficina de la jefa?*
—Lorena, ¿me estás diciendo que esto es lo que su departamento logró crear después de tanto "esforzarse"? —Mónica apenas echó un vistazo a los papeles y su paciencia se esfumó en un segundo—. ¿Acaso ignoraron por completo los elementos y conceptos centrales que les exigí?
—Se... Señorita Mónica, el tiempo era demasiado corto, todos hicimos nuestro mejor esfuerzo... —Lorena sudaba frío mientras intentaba explicarse—. Si no aprobamos un diseño ahora, la producción se retrasará por completo...
—¡Silencio! —Mónica arrojó los bocetos sobre el escritorio con un golpe seco, su voz era hielo puro—. ¡Les pago un salario excelente para que resuelvan problemas y me traigan soluciones, no para escuchar sus lamentos y excusas! ¡Llévense esto y háganlo de nuevo! ¡Quiero ver una nueva propuesta antes de que termine el día!
—¡Sí, sí! ¡Lo corregiremos de inmediato! —Lorena, sintiendo que le perdonaban la vida, agarró los papeles y salió huyendo de la oficina.
En el instante en que la puerta se cerró, los hombros de Mónica cayeron. Volvió a ser la chica cariñosa de siempre, se sentó junto a Mila con un puchero y se aferró a su brazo.
—Mila, qué vergüenza que tuvieras que ver eso. Uf, de verdad me sacan de quicio. La nueva temporada está a la vuelta de la esquina y todavía no tenemos un solo diseño decente, esta gente...
Zarandeó suavemente el brazo de Mila.
—Dime, ¿debería despedirlos a todos y contratar un equipo nuevo?
Mila no pudo evitar reír.
—Escuché que Joyería Centella lanza productos nuevos cada mes. Con un ritmo tan frenético, es normal que la presión sobre tus empleados sea abrumadora.
Mónica hizo una mueca.
—Pero quiero lograr resultados increíbles para que te sientas orgullosa de mí.
El corazón de Mila se ablandó y le habló con ternura.
—Moni, ya eres increíble. No tienes que presionarte tanto. Además, ahora que estoy libre, tendremos mucho tiempo para estar juntas. No puedes gastar toda tu energía solo en el trabajo, ¿verdad?
Mila tomó un taxi hacia la mansión Quiroz. Necesitaba recoger algunas cosas personales indispensables.
En la mansión Quiroz.
Luna Quiroz había regresado temprano de la empresa fingiendo sentirse mal. La humillación de ese día la consumía por dentro. ¡Su padre, su hermano y hasta Corina Vega habían sido pisoteados por esa maldita de Mila!
—Esa inútil... ¿Qué demonios le pasó en el Penal 01? ¿Cómo se volvió tan aterradora? —Luna estaba sentada en el sofá de la sala, con el rostro ensombrecido—. Pensé que moriría allí y yo sería la única heredera de la familia Quiroz... pero no solo no murió, sino que ahora es una pesadilla.
Se frotó las sienes doloridas, llena de ansiedad.
Su tío le había dicho que mantuviera la calma, que poco a poco destruirían la reputación de Mila... ¡pero ella no podía esperar! ¡Tenía que encontrar una manera de aplastar su arrogancia cuanto antes!
En ese momento, varios sirvientes entraron a la sala cargando elegantes bolsas de compras con el inconfundible logo de Joyería Centella. Hablaban en voz baja sobre si debían llevarlas directamente a la habitación de la señorita o guardarlas primero.
Los ojos de Luna se iluminaron al instante al ver el logo y la esquina de los estuches de terciopelo asomando por las bolsas.
—Esto... ¿lo compraron mi papá y mi hermano para mí? —sintió una oleada de alegría que disipó la amargura de los últimos días—. ¡Seguro vieron que estaba triste y lo compraron para animarme! ¡Y es la nueva colección de Centella, debe costar una fortuna! —La vanidad y la necesidad de sentirse importante le hicieron olvidar su enojo por un momento.
Se levantó de inmediato, caminó hacia ellos y ordenó con total naturalidad:
—Lleven todo eso directamente a mi habitación.

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