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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 65

Al poco tiempo, alguien tocó la puerta de la oficina presidencial.

Desde que Mila había vuelto y se había dirigido a la sala de reuniones, Ariel y Esteban habían estado esperando allí, consumidos por la ansiedad.

Al escuchar los golpes en la puerta, ordenaron entrar de inmediato.

—Presidente, director —Fabio entró con su clásica sonrisa aduladora—. Aquí tienen el contrato del 'Proyecto Ciudad Horizonte'.

—¡¿Por qué solo hay uno?! —Al ver el único documento, Ariel frunció el ceño y sintió un vuelco en el estómago—. ¿Acaso Mila rechazó asociarse con el Grupo Ignite?

—No, nada de eso —Fabio negó con la cabeza—. La gerente Quiroz dijo que, para entregarles el segundo contrato, la señorita Luna debe ir a buscarlo personalmente... y llevar 'lo acordado'.

Al escuchar eso, Esteban y Ariel cruzaron miradas, y sus rostros se ensombrecieron.

Entendieron de inmediato lo que Mila planeaba: estaba exigiendo el cinco por ciento de las acciones de la corporación que Luna tenía en su poder.

—¡Lárgate de aquí!

Ariel gritó furioso, echándolo de la oficina.

Cuando Fabio estaba por cruzar la puerta, Ariel lo detuvo con la voz.

—Fabio, no te creas que por volverte el perrito faldero de Mila ya puedes mirarme a los ojos. Esta corporación sigue siendo territorio de mi padre y mío.

Fabio se detuvo, se dio la vuelta y, sin perder la compostura, hizo una leve reverencia.

—Director Ariel, le agradezco el recordatorio. Sin embargo, su comentario es un poco inexacto; en esta corporación también tienen mucho peso los miembros de la junta directiva.

Dicho esto, se dio media vuelta y salió de la oficina con paso firme y elegante.

Solo cuando la puerta se cerró a sus espaldas, sintió cómo el corazón le golpeaba el pecho a mil por hora.

¡Qué adrenalina!

Antes, siempre bajaba la cabeza y se encogía de miedo frente a ese par.

Pero hace un segundo... ¡acababa de responderle a Ariel Quiroz! La sensación era... ¡gloriosa!

—Dicen que ese penal es un infierno en la tierra. Pues parece que Mila no se desesperó en lo absoluto, al contrario...

—¡Basta! —Esteban le palmeó el hombro a su hijo, tratando de tranquilizarlo con voz firme—. Recuerda lo que dijo tu tío: no podemos ir de frente contra Mila. Está loca, y con los locos no se razona.

—Ahora mismo solo podemos usar la cabeza. Tenemos que encontrar la forma de quitarle ese brillo que tiene, para que caiga desde lo más alto y se estrelle contra el suelo.

Ariel respiró hondo un par de veces y, con esfuerzo, recuperó la calma.

—Papá, ¿qué hacemos con el cinco por ciento de las acciones de Luna? ¿De verdad se las vamos a dar?

—¡Sí! —Esteban entrecerró los ojos, soltando un destello gélido—. Si no se las damos, va a usar el contrato de la zona oeste para chantajearnos.

Su voz se volvió despiadada.

—A esos viejos zorros de la junta directiva no les importa quién tenga las acciones, solo les importa que los proyectos se queden en la corporación. Si el trato se cae, entonces sí que tú y yo perderemos nuestras sillas.

—Habrá que esperar —suspiró Esteban, con un tono siniestro—. Dejemos que Mila disfrute de su arrogancia unos días. Cuando crea que nos hemos rendido y baje la guardia, entonces... daremos el golpe de gracia.

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