—Mi hermano suele estar ocupado, no le da importancia a estos asuntos, pero yo, como su hermana, tengo tiempo de sobra. Además, no soporto ver que le hagan pasar un mal momento.
—Sí, sí, tienes razón, esta vez no hice bien mi trabajo, de verdad lo siento —aventó el abogado Guevara. No conocía a Vanesa, pero sabía que quien pudiera mover a Benito tenía que ser alguien a quien no debía menospreciar. Después de todo, cada caso en el que Benito metía mano terminaba en las noticias, ¿no?
Solo por este pequeño asunto, habían logrado que Benito interviniera. Eso dejaba claro lo peligrosa que podía ser ella.
Pensando en eso, el abogado Guevara se arrepintió más. Había dejado ir a una promesa, una persona con potencial, y ahora tenía un problema enorme en las manos.
Mientras el abogado Guevara se revolvía en sus pensamientos, Vanesa continuó hablando con calma, sin apuro, pero con una voz que nadie podía ignorar, así que no le quedó más opción que escuchar con respeto.
—El papá de Fabián será su cliente estrella, pero eso puede cambiar en cualquier momento. Cobrar el dinero está bien, pero mientras Fabián siga aquí, Bufete Equilibrio Judicial tiene el poder de hacer que la Oficina de Asesoría Prudente no consiga ni un solo caso. Usted es muy bueno calculando, abogado Guevara, estoy segura de que sabe lo que debe hacer.
Vanesa fue directa. ¿No habían usado el dinero y el poder para sacar a Alfonso? Pues ella iba a usar el mismo método para que Fabián probara su propia medicina.
Justo, ¿o no?
—Esto... —el abogado Guevara miró a Benito.
—No hay duda, señorita Balderas tiene la última palabra en Bufete Equilibrio Judicial.
El abogado Guevara sabía que Benito no tenía ninguna razón para mentirle. Y eso lo dejó más impactado aún.
Que esta chava, que ni siquiera era mayor de edad, tuviera la voz más fuerte en una firma reconocida no solo en el país, sino en todo el mundo, era difícil de creer. Si cualquier otro lo hubiera dicho, ni caso le habría hecho.
—Entiendo. Después de hoy, Fabián ya no estará en nuestra empresa. Señorita Balderas, de verdad lamento lo que le hicieron a su hermano —dijo el abogado Guevara, aunque sabía perfectamente que traer de vuelta a Alfonso era imposible.
...
—¿Es el caso de Vicente? —preguntó Alfonso, notando que Benito miraba a Vanesa, y enseguida lo dedujo.
—Exacto. Escuché que tú también estabas. Qué bueno, así escuchamos tu opinión —dijo Benito. De pronto, el ambiente se puso como si estuvieran en una entrevista.
Aun así, Alfonso se adaptó rápido, pensó un momento y expuso su idea.
—El caso de Vicente se puede abordar como acoso sexual a menores. Él insultó verbalmente a la víctima, lo que le provocó un daño psicológico muy fuerte. Por otro lado, habría que revisar su vida diaria. Ese día vi que llegó con una acompañante, así que no se puede descartar que haya incurrido en prostitución.
Cuando mencionó la primera parte, Benito no reaccionó, pero al hablar del segundo punto, asintió con la cabeza.
—Entonces, este caso queda en tus manos.

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