Entrar Via

La Princesa romance Capítulo 96

Para Alfonso, el hecho de que su hermana valorara tanto lo que él ganaba con su trabajo y se esforzara por él, solo hacía que se sintiera más avergonzado por no poder ayudarla como hermano. ¿Cómo iba a desanimarla cuando veía tanta motivación en ella?

Antes de irse, sin embargo, llamó a Benito.

—¿Qué sucede? ¿Necesitas algo más? —preguntó Benito, acomodándose los lentes con un gesto tranquilo.

—Nada de eso, abogado Aranda, yo los espero abajo. Solo le encargo a mi hermana en este rato, no importa si causa un alboroto, siempre y cuando no salga lastimada.

El abogado Aranda lo miró sorprendido.

—Señorita Vanesa es mucho más centrada que la mayoría de su edad, no creo que arme pleitos así como así.

Alfonso apretó los labios y soltó, resignado:

—Me refiero a que no quiero que mi hermana salga lastimada.

—¡Ah! —abogado Aranda asintió y le dio una palmada en el hombro—. No te preocupes, aunque explote el edificio, ella saldrá caminando sin un rasguño.

—Eh... —Alfonso ya no supo qué decir.

...

—¿Qué te dijo mi hermano? —preguntó Vanesa, al ver que Alfonso ya se retiraba.

—Se nota que tu hermano no te conoce tan bien.

—Vamos, ya —Vanesa se tocó la nariz, prefiriendo no seguir con el tema.

Benito asintió y tocó el timbre. Desde recepción activaron el botón y la puerta de cristal se abrió despacio.

—Buenas tardes, ¿tienen cita?

—No. —En cuanto Benito entró, su semblante se volvió serio, casi intimidante.

—¿Me podría decir el motivo de su visita?

—Ya decía yo, Alfonso se fue sin mirar atrás y hasta mandó a su hermana a defenderlo. Qué valiente, ¿eh? Vaya vergüenza para cualquier varón.

—Mira, niña, los pobres deben saber cuál es su lugar. Armar escándalo por un pago pendiente, ¿no te da pena? Y traer a un abogado de quién sabe dónde, ¿qué sigue? Oiga, señor, ¿todavía puede leer lo que dice el papel?

—Gracias por preocuparse, veo perfectamente claro —Benito se ajustó los lentes, imperturbable ante la burla.

—Melinda, imprime este documento.

En medio del ambiente tenso, un hombre de mediana edad dejó unos papeles y, a punto de irse, dio marcha atrás.

—Abogado Guevara, ¿sabe quién es ella? Es...

—¡Abogado Aranda! —interrumpió el abogado Guevara, emocionado, dejando a Fabián boquiabierto—. ¿Cómo es posible que haya venido a nuestra humilde empresa? Melinda, ve y lleva dos vasos de jugo a mi oficina. Por aquí, abogado Aranda, por favor.

Mientras el abogado Guevara, casi inclinándose, recibía a Benito en su oficina, Vanesa miró a Fabián con una expresión que claramente decía “no das una”.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa