Jacinta Montemayor llevaba un vestido blanco de diseñador, el cabello suelto y largo, con los ojos un poco enrojecidos en las esquinas, dándole ese aire frágil y desamparado.
Si hubiera sido otra persona, probablemente ya estarían dirigiendo su enojo hacia Vanesa, defendiendo a Jacinta Montemayor. Después de todo, Vanesa había vivido como la hija de la familia durante más de diez años, disfrutando de todos los lujos, mientras la verdadera hija ni siquiera sabía lo que había pasado antes de regresar con los Montemayor. Era fácil ponerse en el lugar de Jacinta y enfadarse.
Sin embargo, cuando Jacinta Montemayor terminó de hablar, en el salón solo reinó un silencio incómodo.
Jacinta bajó la cabeza, apretó los dientes en silencio y sujetó con fuerza la orilla de su vestido. A los ojos de los demás, parecía una pobre chica sin ningún apoyo. Aun así, en el ambiente seguía flotando una extraña indiferencia.
—Pa, pa, pa…— De pronto, el sonido de aplausos rompió el silencio.
Todos voltearon a ver a Vanesa. Ella tenía una sonrisa en los labios y los ojos fijos en Jacinta, que seguía en el estrado.
Había una tensión silenciosa entre las dos, pero por fuera ambas se mostraban tranquilas, como si nada pasara.
—Vaya, no esperaba encontrarte aquí, hermana. Espero que podamos llevarnos bien de ahora en adelante—. Jacinta fingió notar la presencia de Vanesa justo en ese momento.
Vanesa alzó una ceja, se hizo la pensativa y luego soltó en tono juguetón:
—Tengo tres hermanos y un hermano menor, pero… creo que nunca he tenido una hermana.
El gesto de Jacinta se congeló. Bajó la cabeza, y cuando la levantó de nuevo, tenía los ojos vidriosos. Se retorcía las manos, luciendo completamente perdida y lástima.
—Gracias, profe—, respondió Jacinta con voz temblorosa, solidificando aún más esa imagen de fragilidad.
Vanesa, en el fondo, ya sabía a qué jugaba Jacinta. No era más que un intento de crear conflicto, de hacer que los demás pensaran que Vanesa le había robado la vida de rica y ahora la maltrataba, con la esperanza de ganar simpatía y apoyo.
Vanesa no entendía por qué Jacinta le tenía tanto rencor. Desde que Jacinta volvió con los Montemayor hasta el momento en que Vanesa se marchó, siempre había cooperado. ¿Sería por los regalos y ese millón que recibió?
En teoría, la familia Balderas también había tenido su época de gloria, así que la educación no debía ser poca cosa. ¿Por qué con Jacinta las cosas parecían tan complicadas? Los otros hijos de los Balderas no actuaban así.
Vanesa no era de las que se atormentan por lo que no entienden. Además, Jacinta no le parecía ni remotamente una amenaza, así que la dejó hacer su teatro todo lo que quisiera.

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