Entrar Via

La Princesa romance Capítulo 38

—¿Hay otros Iker?

—¿Entonces la empresa de la que hablas es Entretenimiento Tardío? —Los ojos de Santiago se abrieron de par en par y su voz tembló.

—Ah, ¿no te había contado eso, verdad? —Comparada con la sorpresa de Santiago, la reacción de Vanesa fue mucho más relajada, casi como si no le importara.

—¿Cómo que no me lo habías contado? —Santiago se quedó con la boca abierta, sintiendo una presión en el pecho difícil de describir.

—Eso no importa. —Al ver la actitud despreocupada de Vanesa, Santiago se quedó sin palabras.

—¿No… no importa?

—Mira, el sábado que viene tengo que ir a la oficina central. Toma estos días para pensarlo, y si te interesa, ven conmigo ese sábado, ¿va? —Vanesa decidió cortar la conversación de raíz y no seguir divagando con Santiago.

—…Está bien.

—Si quieres, puedes platicar lo del contrato con nuestros papás, pero omite mi parte, ¿ok? Incluyendo todo lo que pasó esta noche, ¿de acuerdo?

Después de tantas sorpresas, Santiago terminó por tranquilizarse. Esbozó una sonrisa y le dio un golpecito en la cabeza a Vanesa.

—De verdad… siempre logras sorprendernos.

—¿Vas a aprovecharte de mí? —Vanesa lo dijo tan tranquila que, sin saber por qué, provocaba una sensación de ternura y tristeza.

—No es eso.

—¿Entonces?

—Solo quiero que algún día también podamos ser tu apoyo.

Santiago lo dijo con sinceridad, la mirada firme. Por un instante, Vanesa no supo cómo responder.

A su alrededor tenía personas en quienes podía confiar, pero muchas de esas relaciones estaban atadas por interés. Había algunos con los que podía contar hasta el final, pero nadie le había dicho jamás que quería convertirse en su respaldo.

La sensación era extraña, difícil de describir, como si el helado que acababa de comer hubiera refrescado ese caluroso anochecer de verano.

Federico miró a Santiago y él asintió.

—Bueno, ya es algo tarde. Mejor regresemos.

—¿Ya están dormidos nuestros papás?

—Todavía no.

—¿Y cómo va el puesto?

—Bastante bien, están probando nuevos sabores, así que tienen algo en qué entretenerse. El ambiente en la casa es mucho más relajado. ¿Y tú? ¿Por qué saliste del trabajo tan temprano hoy?

—El jefe tenía cosas que hacer.

Los tres siguieron platicando de cosas sin importancia mientras caminaban. La luz de la calle alargaba sus sombras, que parecían ir pegadas, una junto a la otra. Vanesa quedó en medio, apretujada entre los dos. No hicieron gestos de cariño, pero la escena transmitía una calidez que llenaba el corazón.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa