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La Princesa romance Capítulo 288

—Me llamo Cintia Ovalle, puedes decirme Cintia.

La mirada de Cintia era transparente, llena de confianza y soltura. Se notaba que venía de una familia que la cuidaba mucho.

—Hola, Vanesa —respondió Cintia, y después dirigió la mirada a las otras dos chicas.

—Tú… tú hola, soy Beatriz Chávez —se presentó la siguiente, con una voz temblorosa. Era evidente que Beatriz era la compañera que temía que Vanesa fuera difícil de tratar. Llevaba una coleta, unos lentes grandes de armazón negro y encogía el cuello como queriendo hacerse invisible. Su ropa estaba un poco gastada, pero limpia.

—Natalia —agregó la última, con el cabello en ondas pronunciadas y un vestido rojo que le daba un aire imponente.

—¿Ya comiste? —preguntó Cintia.

—Sí —contestó Vanesa, sentándose en su lugar y acomodando los frascos y botellas que no había ordenado antes.

—¿Eres de fuera? —insistió Cintia.

—No, soy de aquí.

—¿De aquí? Entonces, ¿por qué llegaste tan temprano?

—Temprano no hay tanta gente.

Cintia asintió. Ellas, en cambio, habían llegado alrededor de las diez, y antes de dejar las maletas fueron directo a registrarse. Ya había una fila enorme. Según una chica de años superiores, en la tarde la cantidad de gente era todavía peor.

—Oigan, estuvimos platicando y pensamos reunirnos esta noche para cenar juntas. Al fin y al cabo, seremos compañeras los próximos cuatro años. ¿Qué opinan?

Vanesa miró a las otras. Beatriz la observaba con nerviosismo, mientras que Natalia seguía comiendo como si la propuesta no tuviera nada que ver con ella.

—Me parece bien. ¿Ya tienen decidido a dónde ir?

—Todavía no, seguimos dándole vueltas. Dudamos entre la fonda de la esquina y un restaurante que está enfrente. Tú eres de aquí, ¿tienes alguna recomendación?

—¿Hablas en serio? —Natalia dejó el tenedor a medio camino.

Vanesa asintió. Ese restaurante lo había abierto ella misma, por mera diversión, y nunca imaginó que terminaría convirtiéndose en uno de los más populares. Varias de sus amistades ya lo sabían.

...

Llegada la noche, salieron en grupo con Vanesa a la cabeza. El restaurante estaba cerca de la universidad, así que caminaron. Entre los carros de lujo de empresarios y juniors que llegaban al lugar, ellas parecían frágiles, hasta algo fuera de lugar.

Natalia mantenía la compostura, pero Beatriz y Cintia no podían esconder su incomodidad.

—¿De verdad no te molesta? —susurró Beatriz a Cintia, nerviosa.

—No sé, la verdad —contestó Cintia, apretando la mano de Beatriz. Sus palmas sudaban, evidencia viva de su nerviosismo al pararse frente a la entrada del restaurante, que parecía más una casona de pueblo elegante.

Las dos se miraron, tragando saliva, sin saber si dar el siguiente paso.

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