—Tío, ¡feliz Navidad!
La puerta se abrió y David entró cargando un montón de bolsas de regalos. Ya sin el saco y la corbata, vestía una sudadera sencilla y limpia que le daba un aire mucho más juvenil; esa prenda se la había comprado Irma durante una salida de compras con Vanesa, convencida de que le quedaría bien.
No era de una marca famosa, pero cuando David la recibió, se quedó pasmado, tocando la tela una y otra vez.
—¡Ya llegaste! ¡Feliz Navidad! —Aurelio le dio una palmada en el hombro.
Aurelio también vestía ropa nueva, cortesía de Vanesa, y hasta se había animado a teñirse el cabello. Su rostro se veía más alegre y saludable, parecía mucho más joven, como si el desgaste y el desánimo de hace medio año hubieran desaparecido por completo.
—¿Cómo que traes tantas bolsas? ¿No pesan mucho? —preguntó Aurelio mientras le quitaba algunas de las manos.
—No pesan nada, la mayoría son detallitos... y también traje pinturas para Cami. ¿Dónde está Irma? —David se cambió los zapatos por unas pantuflas.
—Tu Irma anda en la cocina haciéndote tu comida favorita, Vane y Cami bajaron a la tienda por salsa de soya.
—Aurelio, ayúdame a lavar esta verdura —gritó Irma desde la cocina.
—David ya llegó —respondió Aurelio en voz alta.
Al instante, Irma asomó la cabeza por la puerta de la cocina.
—¡David, qué gusto verte! Siéntate un ratito, ya casi está lista la comida.
—Tía, ¿le ayudo en algo? —preguntó David, remangándose y dispuesto a entrar a la cocina.
—Nada de eso, deja que tu tío se encargue, tú ponte cómodo.
—Mamá, David cocina muy rico, deja que nos prepare algo —Vanesa apareció en ese momento, llevando la botella de salsa de soya en una mano y a Camila de la otra.
Vanesa traía puesta la sudadera roja que Irma le había comprado.
Le pasó la salsa de soya a David y lo empujó hacia la cocina.
Sin que nadie se diera cuenta, Irma y David ya habían dejado la cocina. Irma platicaba animadamente con Jazmín, mientras David se sentó junto a Vanesa, dejando que ella jugara distraída con los cordones de su sudadera.
Todos se reunieron alrededor de la mesa. Ya no sentían esa incomodidad de antes; aunque Jazmín se veía un poco tensa al principio, después de compartir la comida se relajó mucho.
En la televisión, el presentador entrevistaba a los artistas detrás del escenario. De pronto, la cámara captó a Santiago sentado frente a un espejo mientras se maquillaba.
—¡Mira, es mi hermano! —gritó Camila, señalando la pantalla. Los adultos soltaron una carcajada, Vanesa le revolvió el cabello con cariño y David aprovechó para servirles un muslo de pollo a ambas.
Después de cenar, David y Vanesa avisaron que irían a la clínica a buscar a Valentín.
Federico, sabiendo la relación cercana de ambos con Valentín, no los acompañó. Solo dijo que al día siguiente llevaría un regalo para saludar al doctor.
—¡David, Vane, espérenme un segundo! —Irma los llamó justo cuando estaban por salir.
Ambos soltaron la manija de la puerta y se quedaron quietos, viendo cómo Irma corría al cuarto y regresaba apresurada.

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