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La Princesa romance Capítulo 236

—Yo pensaba que David se parecía más a usted, pero ahora que lo dice, resulta que tiene más de cuando el señor Lobos era joven.

—Pues sí, pero la cara la heredó de mí, de milagro no salió todo feo —le soltó Alba, muy segura de sí misma.

La confianza de Alba hizo que Vanesa soltara una risa. Si algo le quedaba claro, era que el porte seguro de David seguro lo sacó de su madre.

Alba siguió contando, entre pausas y risas, unas cuantas historias de cuando era joven, mientras jugaba distraída con un mechón del cabello de Vanesa.

—¿Usted... no me va a regañar? —preguntó Vanesa al fin, sin poder contenerse.

Ella quería llamar la atención de los Montemayor, sí, pero también le daba miedo que los Lobos se decepcionaran de ella. Por eso ni se había atrevido a venir, ni mucho menos a ir a la escuela. Ni siquiera sabía bien por qué actuaba así, era como si estuviera perdida.

Sentía que tenía dos vocecitas en la cabeza, peleándose. Una le decía que solo si se portaba bien se ganarían su cariño, y la otra le gritaba que, por más que se esforzara, sus papás nunca la iban a querer, así que mejor ir en su contra.

—¿Mmm... quieres que te regañe por pintarte el cabello tan bonito? ¿O por faltar una semana a clases? Mira, cuando yo tenía tu edad, era más rebelde que tú; hasta hice que Valentín se arrancara un buen mechón de la barba del coraje —Alba soltó una risa suave, como si recordara con cariño aquellos tiempos.

Vanesa también se rio, pero después se quedó callada.

En la oscuridad, solo se escuchó un suspiro de Alba.

—Vane, siempre pensé que éramos familia, aunque no tengamos la misma sangre. Y la verdad, nunca te vi como alguien que se fijara en esas cosas.

Vanesa guardó silencio y se quedó escuchando a Alba hablar, con esa voz que, aunque traía preocupación, también la arropaba con ternura.

Alba le dio unas palmaditas en la espalda.

—Vane, tú no tienes la culpa de nada. Eres una chica maravillosa, mereces todo el amor del mundo. Yo sé que no puedo llenar ese hueco en tu corazón, pero prométeme que ya no vas a lastimarte para demostrar nada, ¿sí?

—Sí... —Vanesa apretó el borde de la blusa de Alba, y una lágrima se le escapó, calladita.

—No importa lo que decidas hacer, señora Ríos va a estar de tu lado. Solo quiero que lo hagas porque de verdad es lo que tú quieres... —la voz de Alba se fue apagando, hasta que fue Vanesa quien terminó más despierta.

...

Cuando Alba finalmente se quedó dormida, Vanesa salió del cuarto despacito, con mucho cuidado. Justo al abrir la puerta, se topó de frente con Bernardo, que venía subiendo las escaleras.

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