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La Princesa romance Capítulo 196

—¿Cómo es posible que siga siendo tan fuerte? ¿Cómo le hace?

—Pues ya ves, la evolución humana siempre se olvida de nosotros.

La formación avanzó de manera impecable. Cuando llegó el turno del siguiente grupo, empezaron a escucharse murmullos entre los estudiantes. Jacinta escuchó cada palabra y, aunque no lo demostraba, se mordió el labio con rabia.

No sabía por qué, pero cada vez que alguien elogiaba a Vanesa, sentía que en el fondo se estaban burlando de ella, como si le restaran valor. Cualquiera podía ser mejor que ella, menos Vanesa. Eso sí que no lo podía permitir.

La ceremonia de apertura terminó. Agustín Fernández dio algunas indicaciones y enseguida pidió a todos que se sentaran en sus áreas, organizados por clase. Solo podían irse de ahí cuando llegara el turno de su competencia o si querían ir a apoyar a otros compañeros.

Jacinta, con la pierna lesionada, no participaba en ningún evento. Se escabulló sin que nadie lo notara. Solo Lucrecia se percató de su ausencia, pero no dijo nada.

...

Las competencias siguieron su curso. Todo estaba programado para dos días: el maratón quedaba para la tarde siguiente, y ese día tocaban pruebas más sencillas. Vanesa participó primero en salto de altura y luego en salto de longitud, y para el salón fue como una inyección de ánimo: en ambas pruebas se llevó el primer lugar, sumando dos trofeos para su grupo.

Alfonso y Santiago estaban más nerviosos que la propia Vanesa durante sus pruebas. Cuando por fin ganaron, casi se les olvida tomarle fotos de la emoción. Alfonso, con la cabeza fría, le dio un codazo a Santiago para que reaccionara y sacara el celular.

Vanesa, en el podio, no miró enseguida a las gradas. Lo primero que hizo fue buscar el área de los inversionistas y levantar la mano para saludar a un chico.

David, con el pecho hinchado de orgullo, le respondió sin importarle las miradas curiosas de quienes lo rodeaban.

Al notar la confusión en sus caras, Ismael se dio cuenta de que Vanesa no les había contado nada sobre David. No sabía si era porque no le importaba o porque no creía que hiciera falta, pero ya que había tocado el tema, decidió seguir.

—Miren, ese que está hasta arriba, el más joven, es David. Si me preguntas qué hay entre él y Vanesa… pues fueron amigos desde niños, inseparables. Pero de algo pueden estar seguros: si un día Vanesa tuviera que elegir entre David o cualquiera de ustedes, ella escogería a David sin dudarlo.

Los hermanos se quedaron callados mirando hacia donde señalaba Ismael. Santiago recordó que, la última vez que Vanesa fue a la empresa para una junta, el chico sentado a su lado era precisamente el que ocupaba el lugar de inversionista ese día.

—Ese David no la ha tenido fácil. A los 16 ya era el nuevo líder de Grupo Lobos, y en un par de años no solo mantuvo a flote la empresa, sino que la llevó a lo más alto otra vez. Su papá, si estuviera vivo, estaría orgulloso —comentó Gustavo, que había escuchado la charla.

—¿Su papá? —preguntó Alfonso, sintiendo que algo no andaba bien.

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