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La Princesa romance Capítulo 195

—Ay, señorita, el señor grande dijo que nadie lo moleste. Ya no le pegues a la puerta, mira nada más cómo se te pusieron las manos. Mejor vente, te preparé tu pastel de crema favorito. ¿Por qué no bajamos a comer un rato, sí?

Jazmín intentaba calmarla, pero no importaba cuánto la animara, Vanesa solo tenía los ojos rojos de tanto aguantar el llanto y seguía golpeando la puerta sin parar.

—¡Esteban!

Justo cuando Vane se preparaba para golpear otra vez, la puerta se abrió de repente. Por la fuerza, Vane perdió el equilibrio y casi se fue de bruces, pero Esteban la atrapó y la empujó suave hacia afuera.

Dejó la puerta apenas entreabierta. Adentro no había luz, las cortinas tapaban todo, apenas se asomaba un pedazo de su cara.

—Déjame en paz —gruñó Esteban, con un tono impaciente que rara vez usaba.

—¿Por qué no quieres ir? —preguntó Vanesa, con la voz temblorosa, apretando los labios para no soltar el llanto, aunque las lágrimas ya se acumulaban en sus ojos.

—¿Cuándo te dije que iba a ir? No inventes, deja de imaginar cosas.

En el único ojo que Vane alcanzaba a ver, no había ni rastro de sentimientos. Siempre discutían, pero Esteban jamás le había hablado así.

—¡Hipo! ¡Hipo! —Vane no pudo controlar el hipo, la vergüenza y la tristeza le ganaron.

Esteban quiso estirar la mano para calmarle la espalda, pero en cuanto lo intentó, se detuvo y la retiró.

Miró a Jazmín con más molestia.

—Llévatela ya, te dije que no quería ver a nadie aquí. Si alguien más toca mi puerta, los corro a todos de la casa.

Jazmín se asustó, se disculpó varias veces y, sin pensarlo mucho, cargó a Vane, que seguía llorando y con el hipo, y bajó las escaleras.

—Ya verás, Esteban... —sollozaba Vane— ...nunca más... —hipo— ...te voy a hablar...

Esteban apretó los dientes y cerró la puerta de golpe.

—No por nada es de la familia Balderas. Si Vane quisiera ser famosa, seguro llegaría lejos.

La verdad, los hijos de la familia Balderas sí que heredaron lo mejor de sus papás. Parece que la única forma de superar los genes de los Balderas, es que nazca otro Balderas.

Los estudiantes iban entrando uno a uno, entre voces y risas. Algunas familias aprovechaban la ocasión para desplegar sus mantas de apoyo, animando a sus hijos con todo. Otros padres, más formales, se mantenían sentados en sus lugares, conversando en voz baja con quienes tenían al lado, sin perder de vista la competencia.

—Vane siempre se lleva todas las miradas, ¿no? En nuestro grupo, nadie le llega ni a los talones.

—Claro. Tres años y sigue siendo la reina.

—Ojalá en la próxima vida me toque ser como Vane —aventó una de las chicas, entre risas y envidia.

...

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