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La Princesa romance Capítulo 156

Aurelio soltó un suspiro cargado de preocupación.

—No importa si fueron sus padres biológicos o los que la criaron, a Vane nunca le tocó sentir lo que es tener un hogar de verdad, ¿tú puedes creerlo?

—Vane parece seria, pero es una niña que entiende todo perfectamente. Se ha partido el lomo por esta familia, ¿de verdad crees que lo de los dos hermanos habría salido bien sin su ayuda?

Antes todo era un caos, pero desde que Vanesa llegó, todo fluyó, incluso mejor que antes. Si eso no es suerte, pues ya ni cómo llamarle.

Aurelio, con solo usar un poco la cabeza, sabía que Vanesa era quien estaba moviendo los hilos detrás de todo.

—Ya ni hablemos de los demás. Piensa en nosotros, en el local que ya terminamos de arreglar, en la salud de Fede… Si Vane no hubiera estado aquí, todo eso nos seguiría quitando el sueño. ¿Tú crees que podríamos estar tan tranquilos como ahora?

Mientras más hablaba Aurelio, más pesada se le hacía la culpa a Irma.

—¿Y ahora qué hacemos? ¡Yo misma la he regado tanto! —Irma rompió en llanto, y Aurelio enseguida tomó unas servilletas para secarle las lágrimas, con una ternura infinita.

La abrazó y le dio unas palmadas en la espalda.

—No te angusties. Vane es una buena niña. Si la regamos, lo mínimo que podemos hacer es enmendarlo. Hay que hacerle sentir que este sí es su hogar, que aquí de verdad pertenece, aunque todo le parezca tan ajeno.

...

Federico tampoco pegó ojo en toda la noche.

Les contó a sus hermanos lo que pasó, y como era de esperarse, los dos se le fueron encima. Uno le reclamó que no tenía nada claro en la cabeza, el otro que era demasiado blando y sentimental.

Entre hermanos, los regaños siempre van directo al corazón, y estos no se anduvieron con rodeos.

Federico miraba los mensajes que no paraban de llegar al grupo.

[Hermano, mínimo deja que Lucio te suelte dos puñetazos, te lo tienes bien merecido.]

Federico apenas pudo esbozar una sonrisa amarga.

Pensó que, esta vez, sí se los iba a ganar.

...

Al día siguiente, los tres amanecieron con unas ojeras tan profundas que casi parecía que les habían robado la energía. Cuando se toparon en el pasillo, los tres soltaron un suspiro al mismo tiempo, y en sus ojos solo se veía arrepentimiento.

—Apúrense a comer, Claudio ya los espera abajo.

—Ya, ya voy —Elías fingió estar molesto, pero sus pies se movían con alegría bajo la mesa.

—Camila, ¿tú no vas a la escuela? Si quieres, puedes venir a la mía. Si aceptas ser mi compa, te puedo cuidar, aunque sea por compromiso.

Los otros tres, que hasta ese momento no se atrevían a hablar, levantaron la mirada sorprendidos hacia Camila. Ella se detuvo con la cuchara en el aire, pero no dijo nada.

—¡Ya estuvo bueno! ¡A comer! —Vanesa le dio un pequeño golpe en la cabeza y dejó dos huevos pelados en los platos de los niños.

En ese momento, Irma y Federico también pusieron en el plato de Vanesa los huevos que acababan de pelar para ella.

Vanesa solo pudo mirar la escena con cierta resignación y una sonrisa divertida. Revisó la hora y, viendo que ya era tarde, decidió no comerlos, se levantó y empezó a guardar sus cosas.

Salió con Elías mientras Irma y Federico volteaban a ver a Aurelio. Él solo levantó las manos, dejando claro que no podía hacer nada.

Sin tiempo para platicar más, Federico agarró su mochila y salió corriendo tras ellos.

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