—Buenas noches a todos —Iker se pasó la mano por el cabello, luciendo relajado y libre, como si nada pudiera alterarlo.
La transmisión en vivo estaba a reventar: cada vez entraba más gente al chat, los regalos virtuales llovían sin parar. Iker hizo una seña rápida al equipo y, en menos de un minuto, cerraron la opción de enviar regalos.
No entró de lleno al tema polémico. Primero, Iker respondió preguntas cotidianas de sus fans, bromeando y platicando con naturalidad. Cuando el ambiente ya estaba calientito, los seguidores de Joaquín empezaron a aparecer, y lo que antes era armonía se volvió un campo de batalla: los comentarios se llenaron de discusiones.
Blanca, atenta a las actualizaciones en la página oficial, vio aparecer la notificación y de inmediato le hizo una seña a Iker.
Iker desvió la mirada hacia la cámara y sonrió con descaro.
—Jamás pensé que llegaría el día en que me acusaran de abusar de los nuevos. Vaya que, si uno vive lo suficiente, termina viendo de todo.
Mientras decía esto, no dejaba de sonreír, como si todo aquello le causara gracia y no le importara en lo más mínimo, tomando la polémica como si fuera un chisme de barrio.
—Ahora resulta que la juventud anda medio perdida, ¿no?
—¿Que si yo? Ya estoy veterano en esto.
—¿Iker? Pues sí, ya estoy viejo, pero aquí sigo, no hace falta buscarme un reemplazo, ¿o sí?
—¿Que la empresa ya publicó un comunicado? A ver, muchachos, dejen de pelear, ¿ya no les llama la atención mi cara o qué? ¿Prefieren pelear que verme?
—Acabo de terminar una serie hace poco. ¿Quieren canción nueva? Si se portan bien, sale más rápido.
Con sus fans, Iker tenía ese aire relajado, pero también dejaba ver su cercanía y sinceridad. En el mundo del espectáculo, pocos quedaban “de carne y hueso”, y en Estudio Eco de Musas, Iker era el rey del trabajo duro, famoso por consentir a sus seguidores.
Guapo y talentoso, se había ganado a su público desde abajo. Sus fans le eran fieles, pero él nunca se subió a un ladrillo: prefería seguir mejorando y hasta el público casual lo respetaba.
La transmisión duró casi una hora. Antes de despedirse, Iker volvió a recalcar:
—Nada de pleitos, no armen bronca, yo me encargo de trabajar más para ustedes, ¿va?
...
Después del comunicado de la empresa, Joaquín también salió a dar la cara, pero eligió un video en vez de un en vivo. La verdad, querían hacer una transmisión, pero se dieron cuenta de que la mayoría del público estaba con Iker, así que no les quedó de otra.
Julia pensó que, después de todo, no era tan mala idea. Con lo impulsivo que era Joaquín, temía que en un directo acabara peleándose con algún hater.
Ella sabía lo poderosa que era Estudio Eco de Musas, pero Joaquín era su única salida, y además eran pareja. A estas alturas, Julia no tenía opción.
—Buenas noches a todos —dijo Joaquín en el video, con el semblante algo decaído—. Lamento tener que ocupar este espacio, pero como trabajador, cuando uno se topa con contratos injustos y maltrato, no queda más que defenderse. Pensé en usar la ley para proteger mis derechos. Si a alguien como yo, con un millón de seguidores, me hacen esto, ¿qué les espera a los demás?
—Firmé contrato con Estudio Eco de Musas el 15 de agosto. Mi representante me aseguró que, con mi base de fans, debutaría en un mes y lanzaría un sencillo. Pero cuando llegó el momento, la compañía decidió darle mi canción a un nuevo talento. Cuando me quejé, el encargado me lesionó el brazo; terminé con el hombro dislocado.
—No pido dinero ni compensaciones. Solo quiero una explicación para mí y para mis fans. Lo único que pido es una disculpa.
En el video, Joaquín se veía agotado. Su declaración era breve y directa, pero acompañada por el diagnóstico médico, resultaba difícil no creerle.
En menos de lo que canta un gallo, el escándalo subió todavía más en las tendencias.

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