—¡Maldita sea! —masculló Esteban mientras cargaba a Vanesa en brazos y salía corriendo, casi arrollando a Jazmín cuando entró apresurada.
...
Cuando Vanesa volvió en sí, ya no estaba en casa. Lo curioso era que seguía aferrada con fuerza al dedo índice de Esteban.
—Oye, pequeñita, ¿cómo te sientes?
Vanesa tenía puesto un respirador; intentó abrir la boca para decir algo, pero el sueño volvió a vencerla. Entre la niebla del sueño, le pareció escuchar una voz lejana que decía: “Perdóname…”
—Tu, tu, tu…—
El zumbido del celular sacudió el último rincón de sus sueños. Vanesa lo apagó de un manotazo, se sentó en la cama y se rascó la cabeza, confundida por haber soñado con recuerdos tan viejos y amargos.
Eran las ocho y media. Todavía faltaba una hora para la cita que tenía con Santiago Balderas.
—¿Vane? ¿Qué haces despierta tan temprano si es sábado? —preguntó Aurelio Balderas desde la mesa, donde desayunaba.
—Eh… hoy tengo que salir —respondió Vanesa, sentándose a su lado. Se notaba distraída, como si tuviera la cabeza en otro lado.
—¿Por qué andas tan apagada? ¿No dormiste bien? —Irma Encinas se acercó y le tocó la frente; todo en orden.
—No, es que soñé con cosas viejas, recuerdos que no son precisamente bonitos —confesó Vanesa, de repente agarrando la mano de Irma con una seriedad que la desconcertó.
—Mamá, casi no la cuento… ¿sabías?
—¡Ay, niña, qué cosas dices! —Irma le revolvió el cabello y miró a Aurelio, buscando una explicación.
—Seguro ni has terminado de despertar. Anda, cómete el huevo para que agarres fuerzas —Aurelio le puso un huevo pelado en el plato, y Vanesa, sin rechistar, lo tomó y se lo comió.
...
Cuando Vanesa llegó al edificio Estudio Eco de Musas, Santiago ya la esperaba en el lobby.
—Encantada, Santiago.
El ambiente entre ellos era completamente profesional, nada que ver con la actitud relajada que tenía Blanca con Vanesa.
—Ya estoy al tanto de todo: tu imagen, tu físico y tu voz son buenos. ¿Solo quieres enfocarte en ser cantante?
—Sí —contestó Santiago, con una voz tan serena como su cabello plateado.
—Vamos al estudio a probar tu voz. Por cierto, Iker está grabando su nuevo sencillo justo ahora. Vane, ¿quieres pasar a verlo?
—Obvio, ¿cómo me lo vas a preguntar?
—Hermano, la canción la compuse yo y tu ídolo la está cantando. ¿No crees que este viaje valió la pena?
Santiago era el más adaptable de toda la familia Balderas. Después de escuchar las historias de Vanesa en casa, ya nada lo sorprendía. Pero esto… ¿cómo que la canción la había hecho ella?

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